Posteado por: oceanido | julio 31, 2014

Las “dos” acuiculturas

CamaronSMTEn un ambiente dominado por campañas en contra del hambre generalizada en nuestro país por la ya muy evidente pérdida desde hace años de nuestra seguridad alimentaria, con un soberanía alimentaria puesta en riesgo por un irresponsable favorecimiento de negocios de importación de alimento contra la producción modestamente alcanzada por el campo mexicano, pero que tiene como gran virtud la generación de autoempleo en la zona rural y utilización de su producción como autoconsumo, es que LA ACUICULTURA aparece en el escenario nacional y ofrece una vía de solución.

El gran movimiento hacia la producción por acuicultura se inició en México con la introducción de una especie exótica: la tilapia.  En los años 60 se consideró que sería una gran solución sembrar de manera indiscriminada este pez de elevada tasa de fecundidad y altamente competitivo en los cuerpos de agua de nuestro país y la consecuencia con los años fue la pérdida de especies pesqueras mexicanas que no aguantaron la presión que ejercía este animalito que sobrevivía en todos los ambientes acuáticos a los que tenía oportunidad de llegar.  En la práctica es ya una avecindada obligada del país y conforma una de las pesquerías más importantes de México, siendo considerada una especie de precio económico que forma parte de la canasta básica del mexicano.

Entre los años 70 y 80 se inició en los estados norteños de Sinaloa y Sonora la adecuación y desarrollo tecnológico del cultivo del camarón blanco y azul, los cuales crearon mucha expectativa debido al elevado valor económico que representaba esta especie y a la clara posibilidad de que fuera exportado a los Estados Unidos por empresarios que en ese momento tenían flotas camaroneras operando en las costas del Pacífico norte y sur de nuestro país.  El proceso de crecimiento apoyado por ventas casi exclusivas al vecino país ayudó a conformar una de las superficies de acuicultura más grandes del continente, con el consiguiente beneficio económico de las regiones que se pudieron involucrar en lo que en aquel entonces era un lucrativo negocio.

En la carrera a largo plazo y a trote corto que representa el desarrollo y el crecimiento en condiciones de sustentabilidad, dos versiones operativas se fueron perfilando en el horizonte de la producción acuícola de nuestro país: la acuicultura de los “ricos” y la acuicultura de los “pobres”.

La primera es una acuicultura con perfil fuertemente empresarial, muchos de ellos exportadores de pescados y mariscos antes de iniciarse en esta actividad; está conformada de grupos de inversionistas que tienen capacidad para contratar créditos de la banca comercial y presentar las garantías que son requeridas en este tipo de operaciones, y que cómodamente se acogen a los recursos del Estado pues al fin y al cabo “son a fondo perdido”.  La especie predominante es el camarón por las virtudes de este producto ya antes expuestas.  Las superficies de las granjas rebasan con facilidad operaciones de más de 400 ha.

La segunda es una acuicultura que se maneja sobre el filo de cumplimiento de las condiciones mínimas que se tienen que conjuntar para llevar a cabo una actividad que aunque debe generar excedentes no tiene la capacidad competitiva ni los volúmenes de producción necesarios para poder abordar el mercado interno del país, conformándose muy apenas con abastecer negocios locales ubicados cerca de las regiones productoras.    La especie predominante es la tilapia debido a las ya mencionadas capacidades de crecimiento en casi cualquier tipo de condiciones.  Las superficies de las explotaciones rondan las 2 ha, con muy pocos casos en el máximo de 5 ha.

Una competencia desigual por lo recursos aportados por el Estado para el desarrollo de esta actividad comenzó y a la fecha ha tomado dimensiones francamente absurdas por los propósitos a los que se apunta por seguir sosteniendo situaciones que de origen eran insostenibles.  El desarrollo de ambas acuiculturas fue asimétrico y una desigualdad aún mayor en la ecuación de producción acuícola se fue generando, dejando de lado la alimentación del pueblo por medio de una especie barata como es la tilapia para privilegiar una especie como el camarón que producía abundante ingreso de divisas para ser repartidas entre unos cuantos.

La versión del año 2014 de apoyo a la producción por acuicultura es un claro ejemplo de esta planeación que desactiva la participación del pequeño y mediano productor en nuestro país.  Las Reglas de Operación del Programa de Fomento a la Productividad Pesquera y Acuícola de la SAGARPA y CONAPESCA fueron diseñadas muy a modo para apoyar al sector fuertemente empresarial representado por los productores de camarón del noroeste, pues entre los requisitos que se pedían se incluía un Resolutivo de Manifestación de Impacto Ambiental, permiso o concesión de CONAGUA para uso de agua de bienes nacionales, el ingreso al Registro Nacional de Pesca y Acuacultura y demostrar que en especie o en cuentas bancarias se cuenta con una aportación por el 50% del costo del proyecto para poder ser favorecido por un apoyo.

Sobre esto hay que manifestar que el requisito de SEMARNAT tiene un costo aproximado de 25 mil pesos en el caso de un proyecto pequeño, más un ingreso del trámite en la dependencia con un costo de casi 9 mil quinientos pesos mas; tratándose de CONAGUA tenemos casos de solicitudes no atendidas por la dependencia con más de 12 años de antigüedad, por lo que este requisito puede llegar a ser casi imposible de cumplir por una persona del área rural que no tiene los contactos ni los recursos para lograr que la maquinaria burocrática se movilice, teniendo como agravante además de que la Ley de Aguas Nacionales considera al agua para acuicultura en el mismo orden de prelación que el uso industrial y turístico, asunto absurdo desde el punto de vista que es una actividad que produce alimento tal como la agricultura o la ganadería ; el ingreso al RNPA es gratuito y no presenta mayor problema, sin embargo la atención en las subdelegaciones de CONAPESCA no facilita el primer ingreso ni se orienta al productor sobre las ventajas de estar empadronado, por lo que se tiene poca participación en general; en cuanto a la presentación del 50% de los recursos económicos para aspirar a un proyecto, si consideramos que una unidad acuícola modesta tiene un precio por arriba de los 350 mil pesos, es poco probable que un productor del campo pueda presentar 175 mil para cumplir con este requisito si es que el terreno en que se desarrolla no se puede aportar como parte de sus activos.

Obviamente el sector empresarial si los puede cumplir y por tanto tiene acceso a recursos que en teoría debieran orientarse al desarrollo de un sector acuícola en general, que en estos momentos quiere pero que definitivamente no puede ni nacer ni crecer en estas condiciones de falta de apoyo económico.

Como última noticia se recibió en las subdelegaciones la información de que los recursos se iban a limitar aún más debido a que se había destinado un monto  extraordinario por más de 600 millones de pesos para atender la situación de emergencia que se ha presentado en la camaronicultura del noroeste –la de los “ricos”- debido a la aparición desde el verano del año pasado de la enfermedad denominada como Síndrome de Necrosis Aguda del Hepatopáncreas o en su versión corta, Síndrome de Mortalidad Temprana, provocada por un activísimo virus que de la mano con una bacteria de presencia común en estanquería de engorda ha arrasado con las operaciones de cultivo de los estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit, teniéndose el antecedente de que el año pasado se perdió nada menos que el 90% de la producción de camarón de cultivo de los estados citados.  El recurso será utilizado para la compra de cría para iniciar el segundo ciclo de producción del año, puesto que se tienen noticias de que ya se ha perdido por la misma causa casi la totalidad del primero, sin que hasta la fecha se haya presentado una solución razonable para eliminar los precursores de la enfermedad, asunto que por cierto a estas alturas del año es todavía tema de estudio.  En otras palabras, significa que lo más probable es que en cuanto se siembren los estanques con esta cría serán atacados por la enfermedad y morirán antes de un mes de cultivo.  Seiscientos millones de pesos que pudieran haber sido utilizados de mucha mejor manera serán tirados a la basura.

Para la “otra” parte de los acuicultores esto solo significa una cosa: si el año pasado recibieron poco y pocos son los que en este año tenían posibilidades de recibir recursos por haber cumplido con sus requisitos,  de seguro no recibirán nada.

Revisemos entonces las premisas planteadas por el Ejecutivo Federal en su Cruzada contra el Hambre: una de las principales es que el pueblo produzca el alimento que va consumir, generando de paso autoempleo que promueva el arraigo del campesino, ganadero y pescador a su lugar de origen.  En la práctica, con las iniciativas puestas en la mesa por las dependencias encargadas del sector primario, eso no va a suceder.

Los empresarios de la “acuicultura de los ricos” se cansarán de perder dinero –aunque sea del Estado- y migrarán sus bonos por medios electrónicos a otras inversiones menos riesgosas y más rentables.  Los de la acuicultura de los pobres abandonarán tierra y familia para migrar a medios urbanos, al extranjero o a campos de cultivo lejanos, en donde en el mejor de los casos se emplearan casi como esclavos para poder sobrevivir.  La oportunidad que entonces se perderá para consolidar la producción en el campo será inmensa y lamentable.

Posteado por: oceanido | julio 31, 2014

El doctor Luhrs

PezVelaEra de esperarse que yo conociera al doctor Luhrs.  Con un padre cardiópata desde los 40 y tantos años y como sobreviviente de 9 infartos era lógico que formara parte de la gente que frecuentábamos.  Le recuerdo de aquel entonces con su voz suave, su cabello rubio cubriendo apenas su cráneo repleto de conocimientos cardíacos y sus ojos atentos y claros.  Le veíamos muy seguido: cada vez que mi papa se sentía mal, lo cual era frecuente.  Reconocíamos esa incomodidad en el brazo izquierdo que él trataba de ocultar para no preocuparnos, pero era señal segura de que “ahí venía”, otro de esos ataques al corazón que por ser tantos mi padre nos acostumbró a que de alguna manera lo habría de superar una vez más.  Esa noche del 31 de diciembre de 1987, entrando la madrugada del 88, nos demostró que no iba a ser siempre así.  Sus ojos azules quedaron fijos en la nada y mi hermano y yo los cerramos como despedida sin palabras.  De esa noche yo le recuerdo, doctor, cuando llegó a la casa familiar para certificar con sus aparatos lo que era obvio, estirándome un electrocardiograma con una señal plana como firma sin alma de lo que sabíamos era irreversible.  Sus ojos, doctor, lo dijeron todo.

El doctor siempre me criticó que llevara yo a mi padre a pescar.

-¡Se te va a morir allá, en medio del mar, agarrando uno de esos pescadotes que sacan ustedes…carajo!.- me regañaba el amigo preocupado.

– Doctor, mi papá está casi muerto por su enfermedad.  Si muere pescando el problema va a ser quitarle la sonrisa cuando lo vayamos a enterrar…- le respondía yo

Un día mi papá le llevó a pescar, meses después de haber sufrido el cardiólogo un irónico infarto.  En aquel entonces la recuperación de un ataque era lenta, de varios meses en cama y después muchos más moviéndose en cámara lenta para no recargar el trabajo de ese corazón que herido de muerte trataba de zafarse del apretón huesudo de  las falanges de la parca.  Ese domingo lo subimos a la pequeña lancha que teníamos fondeada en la playa Manzanillo en compañía de su hijo Jean Louis, en aquel entonces un infante de no más de 5 años, de piel apenas tocada por el sol y rubia melena rizada e inquieta.  Yo sobrevivía apenas con mis 17 años a una desvelada de sábado por la noche y dormía profundamente sobre las cañas de pescar tendidas, no sin antes avisarle al pequeño Jean Louis que si veía un pico acercarse a la lisa que traíamos de carnada me despertara para ayudarle, lo cual en ese momento consideré que era bastante improbable pues no estábamos muy lejos de la costa.   El ruido del motor de 25 HP que teníamos se fue apagando con cada ola que encontrábamos y pronto estaba yo profundamente dormido con ese arrullo tan exquisito que brinda el mar después de una buena parrandeada hasta el amanecer.

De repente el niño me toca en el hombro y me señala con ojos muy abiertos un pico de pez vela que daba giros alrededor de la lisa.  Me desperté al instante, tomé la caña, identifiqué el momento en que el pez tragaba el anzuelo y dejé pasar unos instantes más para dar el jalón que lo sujetó sin remedio –para él- por el buche.  Pronto un magnífico ejemplar se debatía al final de la línea y como fué la caña del niño, le pregunté a mi papa que qué hacía.  Lidiando con su confusión no me dijo nada y le atajé:

-Deja que el niño “sienta” el pescado…

Y sin soltar completamente la caña, permití que el guerito con ojos desorbitados sostuviera por unos minutos al pescadote brincando mientras lanzaba furiosos rayos azul oscuro hacia el cielo de la muy cercana isla de La Roqueta.

Después de tres minutos el niño estaba exhausto y le volví a preguntar a mi papa que qué hacía.  Si el buen doctor hubiera estado bueno y sano, no hubiera dudado en darle la pesca que había conseguido su hijo.  Pero así como estaba, en recuperación, delicado todavía….

-Dale la caña al doctor.- me dijo mi papá súbitamente decidido.

La cara del doctor era de sorpresa total.  Pasados 5 segundos se transformaba para convertirse en la fiera que todo hombre lleva dentro cuando se trata de enfrentar a la naturaleza.  El buen Luhrs se convirtió en el cazador tras la presa: su cara se congestionó y se puso roja por el esfuerzo de jalar al gran pez que luchaba por liberarse; su pelo se alborotó y daba la imagen de un loco con ojos inyectados al que se le brincaban las venas de la frente por la emoción.  Nunca habíamos visto así al buen y amable doctor.

  • ¡Dale la vuelta a la lancha! ¿Para allá no, para el otro lado! ¡Cuidado, se va a meter debajo de la lancha para cortar la línea! ¡Apurateee…!.- nos dirigía a mi papa y a mi con voz desaforada y obedecíamos como buenos grumetes ante el torrente de órdenes que gritaba Luhrs, hasta que arrimamos al pez vela a la borda.

Me puse un guante de carnaza para sujetar el pico y cuando volteé para buscar el gancho ya lo tenía el doctor en sus manos.  Se agacho sobré mí, sujetó al animal por su vientre y lo subió en vilo a la embarcación en donde comenzó a dar coletazos a diestra y siniestra.  El doctor Luhrs brincó sobre él con un “amansalocos” hecho con un pata de madera cónica que en aquél entonces traían las televisiones de blanco y negro y lo tundió a golpes hasta que el color azul profundo se tornó en el azul pálido de la muerte de los peces vela.

En ese momento el doctor se dio cuenta de lo que había pasado y volteó su rostro hacia nosotros: totalmente desgreñado, rojo por la emoción, batida la cara de gotitas de sangre de la garrotiza que le había puesto al pobre pez vela para matarlo.  Mi papá le miró con una media sonrisa y con voz pausada solo le susurró:

-Ya lo ves. No pasa naaada….

Minutos después el doctor volvía a ser el convaleciente de infartado que embarcamos en la mañana y que yo sepa no tuvo consecuencias sobre él que se hubiera convertido en un energúmeno durante 20 minutos.

Espero que a donde vayas, doctor, te encuentres con tus viejos amigos.  Quizá allá también pesquen, cuenten chistes y se diviertan.  Podrán entonces presumir la captura del domingo, como acostumbraban hacerlo en esas mañanas de lunes en el café Astoria del zócalo de Acapulco.

Posteado por: oceanido | septiembre 30, 2013

Pinta su raya

RayaCafe   El ciclo siguiente se cumplió: sabíamos que era solo cuestión de tiempo.  El inexorable destino de las zonas inundables cumplió fielmente su vocación de inundarse y una vez más se inundaron.  Una tragedia más se suma al rosario de eventos similares que ocurrirán, tarde que temprano, en una zona que tuvo que ser rellenada para poder construir en ella, alterando con esto el sistema hidráulico milenario conformado por el río de La Sabana, la Laguna Negra, la laguna de Tres Palos y el mar que bien que mal funcionaba teniendo como amortiguadores de avenidas pluviales a amplias zonas de humedales.   Desde el punto de vista inmobiliario, la explicación es obvia: era terreno barato porque se inunda.  La mayor parte de la gente de Acapulco no compró ahí porque recordaban la altura a que llegaba el agua en una tormenta de las normales en Acapulco y por supuesto recordaban, en un conocimiento transmitido de generación en generación, hasta donde llegaba el agua en un día de lluvia extraordinaria.  Los incautos que cayeron en la trampa eran fuereños, deseosos de tener su “segunda casa” en el puerto más hermoso del Pacífico mexicano.  Pobres.  Todavía siguen su lucha estéril en contra de poderosas compañías constructoras de vivienda social para tratar de recuperar algo de su inundada inversión.

El complemento de la historia son las colonias establecidas alrededor o como consecuencia de la construcción de estos desarrollos -además del imparable crecimiento desordenado- brotando en condiciones de miseria tal que convierte en la práctica a sus habitantes en damnificados permanentes que de manera voluntaria y con mas conocimiento de causa se aposentaron en zonas vulnerables sabiendo que “alguuun día…” se podían inundar.   Muchos de ellos tienen a la vista como realidad cotidiana el brutal contraste económico comparado contra los desarrollos inmobiliarios cercanos a la playa, mismos que de alguna forma fueron representados en imagen por la elitista tienda Costco, la cual se convirtió en blanco involuntario del odio social y la ira reprimida por concentrar muestras de riqueza que difícilmente alcanzan los habitantes de estos predios desarrollados a la sombra del nuevo Miami azteca.   Todo por construir en zonas bajas, de humedal, terrenos que siempre se han inundado y lo seguirán haciendo mientras la lluvia siga cayendo en esta tierra sureña.

Hasta aquí llega lo predecible: una avenida de agua extraordinaria, se inundan las zonas inundables, el gobierno no tiene capacidad de atender a los damnificados –tanto nuevos como permanentes- debido a la magnitud del desastre, nos “quemamos” en público porque no les avisamos a nuestros turistas que se iban a quedar varados sin regresar a su lugar de origen.  La gran pasarela en que se convirtió la glorieta de Puerto Marquéz y el malhadado Costco llega a su fin y el escenario se traslada –espero- a las colonias afectadas y –ojalá- a las poblaciones en desgracia.

Otro asunto es lo que todavía no se sabe.  Hasta el momento lo que nos llega por prensa y noticias es lo cercano a las ciudades.  A una semana del inicio del evento nos comenzamos a enterar de lo que pasó en un radio de un día a pie de los centros poblacionales importantes.  De seguro solo hasta la semana que viene sabremos por boca de los que han tenido que caminar días para llegar a un lugar comunicado qué fue lo que ocurrió en las zonas más alejadas del estado, panorama que se anuncia grave teniendo como antecedente el derrumbe del cerro en el pueblo de La Pintada.  ¿Cuántas Pintadas más habrá en este momento? ¿Cuántos caseríos de los que no hubo sobreviviente alguno para venir a dar cuenta de esos días de lluvia? ¿Cuántos guerrerenses más fueron a dar a ríos y mar hechos pedazos por la fuerza con que los arrastró el agua? ¿Cuántos más habrán sido sepultados por cerros que furiosos se sacudieron de encima las casitas que los colonizaron?   Las causas aquí fueron diferentes: gente que fincó en laderas o al pie de ellas, cerca o dentro de los cauces de ríos, todos ellos probablemente condenándose a muerte al llegar la siguiente estación lluviosa.  Todo por construir en lugares con fuertes pendientes o cerca de zonas que pasan de la calificación de riesgosas a letales con solo media hora de lluvia fuerte.

Resurgen antiguos llamamientos a la cordura en materia de ecología, ordenamiento territorial, protección civil, desarrollo urbano y obras públicas y zona federal en cuanto a que en la “Zona  Cero” del Diamante, Llano Largo, La Poza y de ahí hasta La Venta nunca se debió haber construido.  La CNDH avisa que le va a entrar al asunto.  La prensa revive artículos que en su momento se publicaron y que señalan de manera puntal a funcionarios, integrantes de Cabildo, administraciones municipales, delegados de SEMARNAT y directores de Ecología Municipal que con argumentos aportados por consultores en materia de impacto ambiental para lograr irracionales cambios de uso de suelo confabularon llenando formularios y estudios con gran detalle y declarando “que no habría afectaciones al ambiente ni riesgo por inundaciones, al menos en lo que corresponde a su mejor conocimiento…”, asunto que a la mera hora resultó ser bastante convenenciero.  Llegó el momento de juzgarlos.  Este tercer evento en la zona no es producto de la casualidad: fue un asunto cocinado a fuego lento y con la participación de gran cantidad de chefs y ayudantes de cocinero.  ¿Habrá quien pueda juzgarlos?

¿Qué sigue después de la lección número tres de inundaciones en la Zona Diamante?  Independientemente de lo que se haga en el sentido de corregir lo importante es el aspecto preventivo, en el cual el Sistema Nacional de Protección Civil  tiene mucho que ver.  Entre otras cosas tiene que hacer sus “solitos” y aprender a actuar con mayor autonomía y espíritu de protección social, superando su miedo a emitir un aviso que pueda dañar la intocable y muy protegida imagen turística de Acapulco durante un anhelado puente vacacional a pesar de contar con información suficiente y oportuna para emitir un comunicado muy responsable de no visitar el puerto por riesgo de lluvias copiosas y el consecuente –debido a nuestras condiciones de vulnerabilidad- elevado riesgo de inundación.  Queda siempre la duda incómoda que si desde el punto de vista de rentabilidad conviene más operar el FONDEN que el FOPREDEN, pues el aspecto preventivo maneja menos de un décimo de recursos económicos que el atender consecuencias una vez ocurrida una tragedia.

La gente de edad remata con el viejo adagio popular que reza que “el agua siempre retoma su cauce”, obteniéndose como reflexión inmediata de esta breve y sabia frase la absoluta prohibición de construir en o dentro o cerca de cauces de ríos y lagunas, así como en laderas o cerca de ellas y finalmente en zonas de inundación, humedales y similares.  El agua corrió y corrió hasta que tomó su nivel, tal como lo demostró en las zonas inundadas.  La desigualdad social corrió y corrió y tomó su nivel, tal como se demostró en el asalto por enseres domésticos y no por comida a la tienda Costco.

Muy de acuerdo a las celebraciones de septiembre, y muy a la mexicana, el agua galopando con locura desde los cerros hasta el mar pinta una raya café a su paso que es la que señala a partir de dónde es dueña de la situación, haciendo saber a constructores y desarrolladores cuál ha sido, es y será siempre el límite para el actual y futuro desarrollo urbano sano.  Y aquel que se atreva a cruzar la raya se arriesga a atraer destrucción y muerte.

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

¡Ay por Manzanillo!

¿Quién se atreve a entrar a la playa de Manzanillo? Nadie.  Da miedo.  Tantos cascos de barco tirados, tanta basura, ese ambiente de suspense tropical en el que parece que todo puede pasar.  Y tanto ha pasado.  Especialmente el movimiento de vecinos que pretende recuperar el uso productivo de la playa y al cual, gente de fuera que se ha beneficiado en perjuicio del barrio, se ha opuesto de manera siempre egoísta y con amenazas y declaraciones fantoches, ahora en su última versión cobijada bajo un sindicato que hace tiempo dejó de ser nuevo y que incursiona en el ecologismo manteniendo un zoo particular con ejemplares de todas las especies que renuncian a su libertad con tal de asegurar un bocado.

¿Por qué una defensa por un lugar tan abandonado?  Precisamente por eso.  Fácil es buscar declarar una playa remota como “certificada” cuando no presenta las cicatrices de un desarrollo descuidado. Y políticamente es muy cómodo: nada mas hay que poner un listón para cortar y ya.  Asunto muy diferente es ordenarla, desarrollarla, recuperarla y lograr que beneficie por igual a todos los involucrados y que “algo” le deje al barrio, cumpliendo con esto una de las premisas de la sustentabilidad. 

Hace un par de días estuve por ahí, caminando entre los desechos, respirando el abandono y atestiguando el entusiasmo de los genuinos trabajadores de la playa, los varadores.  Viejos la mayor parte de ellos, no puede evitar recordarlos cuando eran torres de músculos morenos y turgentes moviendo embarcaciones de toneladas de peso usando polines, cuerdas y antiquísimos winches.  Alguna vez, me platicó uno de ellos, mi padre los tomó como modelos para dibujos al carbón representando el trabajo en su forma más primitiva.  Cuarenta años y cientos de toneladas varadas en tierra después, esos cuerpos admirables se enfilan marchitándose hacia la vejez con algo menos que un par de billetes en el bolsillo y rodillas y cinturas desgastadas por el esfuerzo físico.  Miedo es lo menos que deben sentir en sus corazones al pensar en su futuro.  Congoja es lo que los debe invadir de saber que muy pronto no podrán hacer su trabajo como siempre lo habían hecho.

La propuesta de remodelación de playa Manzanillo los acoge con el cariño y el respeto que merece un trabajador de siempre y corrige de paso la manera tan anticuada y contaminante con que se les hizo trabajar toda la vida, en donde el patrón disfrazado de cooperativista nunca les procuró ni un ápice de seguridad social.  Cuarenta años, dicen algunos, cincuenta otros, sesenta los mas echadores.  Tanto no debe ser, pues a mis cincuenta años recuerdo que la playa era lugar de acapulqueños, de esquiadores novatos y expertos de toda nacionalidad y de pescadores-niños que tarde con tarde sacábamos “charritas” que mi abuela con cariño tatemaba en aceite para que nos las pudiéramos comer con todo y espinas.  En ese entonces el “astillero natural” era un pedacito solamente, en el que como el sapito los invasores alguna vez expulsados de la playa de Caletilla se iban inflando e inflando.

Con el tiempo y una administración descuidada de la playa el lugar se convirtió en el depósito gratuito y tiradero de lanchas más grande de la costa del Pacífico mexicano, defendido de manera abusiva por los que no querían tener su embarcación en casa o pagar pisaje, situación tolerada comodinamente por autoridades apaciguadas con sabrosos guisos de caguama cada primero de junio.  Ya una vez hubo la oportunidad de remodelar la playa y el astillero cuando se consiguió un recurso por parte de SCT para remozar el Paseo del Pescador, en el que no se incluyó Manzanillo por grillas mentirosas y convenencieras del grupo de invasores-contaminadores.  El mismo paseo ahora se ha convertido de manera enojosa en un muladar para almacenar lanchas y reparar motores, haciendo la inversión de $170 millones de pesos por parte de la Federación la más infructuosa y desperdiciada de los últimos años en el puerto de Acapulco.

Parado en la esquina conocida como Punta Sirena, viendo hacia abajo las rocas cubiertas con algas verdosas y muy pocos peces nadando entre ellas, recordé lo importante que es para mí este lugar: es el mismo en el que decidí la carrera que iba a estudiar, y que no podía ser otra que las ciencias del mar.  Fue aquí mismo levantando esas rocas para descubrir cangrejitos de muchas formas y colores, gusanos planos enormes y estrellas serpiente que el mar capturó para siempre mi atención y mi propósito.  Recordé el primer pulpo que atrapé con un gancho hecho de alambre galvanizado apenas a unos metros de este lugar y el miedo que sentía al nadar de una roca a otra imaginando quiméricos seres marinos queriendo alcanzar mis calcañares de niño.  Aquí también pisé mi primer erizo, un cabeza de viejo, y aún recuerdo como me dolió cuando alguno de esos morenos de la playa golpeó mi pie con un madero para remediar la situación al viejo estilo costeño de pulverizar las espinas dentro de la piel.  Fue aquí mismo que el misterio de las mareas y el oleaje pasó a formar parte de mí. 

¿Podremos lograr como acapulqueños de cepa y nativos de Manzanillo contener las ansias privatizadoras de los constructores de embarcaciones, dueños de decenas de lanchas invasoras del Paseo del Pescador, millonarios con concesiones en el malecón y de seguro en la playa de Majagua, potenciados y fanfarrones con su nuevo socio que hace alarde de su capacidad de movilización de “obreros” y su poder económico?  Si este líder quiere favorecer a su compadre, que se lo  lleve a Puerto Marqués, que de seguro allá sí son bien recibidos.  Los que genuinamente somos de Manzanillo estamos hartos del vasto daño ambiental ejercido impunemente por esta gente a nuestra playa y que ahora usan de argumento para justificar que nunca podrá ser un lugar turístico.

Bien estaría que PROFEPA en un acto de justicia les hiciera una relación de los delitos ambientales de orden federal que han cometido a lo largo de los cuarenta años que dicen haber estado operando en esta vilipendiada playa.  Bien estaría que la autoridad ambiental federal y estatal voltearan a ver este lugar para poner un hasta aquí a tantos abusos.

PD :Sirva este artículo para decir adiós a un gran avecindado de Manzanillo, asesinado cobardemente a tiros en esta ola de violencia desatada en el estado y que es negada cómodamente por los que tienen con qué pagar guaruras hasta para ir a comprar una yoli a la esquina.  Adiós Sergio Espinosa, te vas a perder la defensa de Manzanillo; espero que desde donde estés en algo nos puedas ayudar.  Lleva saludos a Don Ernesto García Moraga y dile que queremos recuperar y modernizar la última playa que vieron sus ojos antes de encaminarse hacia la Eternidad.

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

Antiturística

Volvió a suceder.  Como alguna vez me dijo un primo cargado de cinismo, una noticia deja de serlo en menos de quince días, y lo bueno o malo que haya ocurrido pasa a formar parte del bagaje tolerado  de la ciudad.  ¡Qué razón tenía!

Le toca el turno de echar a perder la hermosa vista de Acapulco a la empresa que puso un masivo y horroroso letrero electrónico a la entrada de Pichilingue, queriendo llamar la atención por sobre sus vecinos sacrificando muchos invaluables metros cuadrados de vista de la Avenida Escénica para poder instalar su maravilla tecnológica.  Salió algo en medios, duró una semana en escena, se colocaron algunos sellos de “CLAUSURADO” durante unos días y a continuación arremetieron cual violadores empecinados hasta que destruyeron la belleza paisajística que quedó detrás.

Una vez más se permite, me imagino que cubriendo las multas y cochupos correspondientes, que cualquiera venga a destruir uno de los patrimonios más valiosos del puerto: su inigualable vista panorámica.  No sé si es a obras públicas a la que le correspondía este asunto, o a ecología o a otro departamento por ahí que evidentemente no tuvo la fuerza suficiente para oponerse a los dineros de los poderosos.  Turismo municipal debió haber puesto el grito en el cielo por el atentado a los activos que se supone promueve.  Turismo estatal debió haberse desgarrado las vestiduras.  Nada de esto pasó: no consideran importante conservar a Acapulco bonito y presentable.

Y en muy poco tiempo este evento quizá pequeño pero importante viene a sumarse a la multitud de atentados en contra de la impresionante exhibición paisajística que es vocación natural de Acapulco, motivo por el que tanta gente de tantos lugares del mundo viene y al que nosotros como acapulqueños y guerrerenses estamos tan acostumbrados que no le apreciamos lo suficiente como para defenderle, pero que es tan importante para nuestro puerto como lo es el mismo aire.  Probemos estar 5 minutos sin respirar para corroborar lo cierto de esta última afirmación.

Una variación del tema son los últimos muelles que se han construido en Acapulco.  Con un sospechoso desinterés por parte de los grupos opositores a muelles se construyó una gigantesca “T” por el rumbo de La Aguada, doblemente sorprendente porque fue a obstruirles el paso a las embarcaciones de los socios del Club de Yates y nadie dijo esta boca es mía.  El promotor debe ser alguien aún más poderoso que la suma de todos ellos.

El siguiente caso es el francamente deprimente muelle de pilotes en la Playa Revolcadero.  Atacado desde un inicio alegando cuestiones ambientales, el muelle cumplió con lo que le marcó SEMARNAT y listo, pudo comenzar a construir.  Hemos visto fotografías de la bella, armoniosa y relajante línea de playa interrumpida de manera grotesca por unos pilotes de metal que recuerdan la barrera que tienen los gringos en Playas de Tijuana para impedir que pasen nuestros paisanitos a Estados Unidos a buscar un mejor futuro.  En lo ambiental quizá cumplan.  En lo estético y antiturístico hay que decir que es bastante más que una mentada de madre:  dividieron la playa con un montón de fierros por la puritita mitad.  Y lo malo es que los únicos críticos y defensores son los que ofrecen paseos en cuatrimotos o a caballo en la playa, infractores tolerados a regañadientes que al buscar una fuente de trabajo dificultan que se certifiquen las playas en las que operan.

Con triste nostalgia vienen a mi mente hermosos dibujos hechos a mano de los siglos XVI y XVII en que se nota que el artista se esmeró en retratar con justicia la bella y contrastante pendiente de los cerros cubiertos de vegetación del oriente de Acapulco cuando se van a sumergir al mar, misma que constructores de gustos toscos rompieron para colocar edificios cuadrados sobresaliendo de manera protagónica y chocante de la línea de vista.  La belleza agredida con “belleza”.

Platicando ayer con mi amigo el arquitecto Carlos Garza y me comentaba que en Santa Bárbara California se prohíbe poner cualquier tipo de letrero o anuncio.  Lo más que se permite es una plaquita no mayor que la que de un automóvil, no importando que sean empresas grandes, poderosas o influyentes.  Los semáforos también son discretos y todo está diseñado para conservar una vista armoniosa y agradable que TIENE UN GRAN VALOR.  Me imagino que el precio de las propiedades estará en consecuencia: es el valor que sus habitantes le han dado protegiendo a toda costa su imagen urbana.

Otro ejemplo:  el Metro de Londres de tanto en tanto tiene respiraderos que permiten ventilar los gases generados con la operación de este medio de transporte y en cualquier lugar del mundo estos agujeros son más bien feos.  Nuevamente, preocupados por conservar una imagen urbana agradable para residentes y visitantes, “disfrazan” estos respiraderos con unas muy cinematográficas fachadas de edificios que replican la tendencia arquitectónica del lugar donde se encuentran.  El efecto es espectacular.  La ciudad es deslumbrante.

Finalicemos ya por no dejarlo con las nonatas oficinas de gobierno construidas en lo que fue el mercado de artesanías Noa Noa.   Introducidas como supositorio del tamaño de un tanque de gas estacionario en el trasero de una iguana, en una zona con evidente vocación turística y con alto riesgo de dañar la circulación de la ciudad por el potencial de protestas de grupos inconformes, la magna, moderna e “inteligente” estructura de tubos se oxida lentamente con la ayuda de nuestra tonificante brisa marina sin que ni siquiera provoque voltear a mirarla y mucho menos preguntar por qué fue que esto se abandonó así.    Una esquina de este edificio apunta a la guanábana aplastada que quedó de la base de la muy criticada Sirena Costeña, capricho artístico de la época del alcalde motociclista y que también aporta su granito de arena en este complot contra el paisaje porteño.

¿Qué necesitará el acapulqueño para darse cuenta de lo que pierde día a día mientras voltea a ver a las estaciones de autobuses y se pregunta por qué no llega el turismo? ¿Qué se considera lo suficientemente atractivo para que nos prefiera el turista, ahora que la violencia en las ciudades de origen de nuestros clientes igualó al del puerto y no es criterio importante para dejar de venir a Acapulco?  ¿Seguiremos pensando que atraeremos gente con tiendas glamorosas, letreros modernos, muelles de fierro y hoteles rompiendo la línea natural de los cerros contra el horizonte? ¿No es más razonable explotar las asombrosas y únicas visuales naturales con lo que la Creación favoreció a raudales a nuestro querido puerto en lugar de estar haciéndole cirugías de mal gusto para dotarle de unas chichis y nalgas artificiales que no necesita?  Digo, me pregunto.

 

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

Sepelio Costeño

Me toco en suerte acompañar a una amiga a la triste tarea de entregar a su hermano a la siempre boca abierta del espantoso e indigno cementerio de Las Cruces, el panteón de las familias acapulqueñas.  Un hombre joven, tan solo 43 años, con una muerte repentina causada por una mezcla de fiebre tifoidea, una diabetes recién descubierta y una tristeza por vivir con una explicación que nunca platicó.  Quizá haya sido por una situación familiar, quizá por ver a Acapulco desgarrado por sus nuevos y adolescentes propietarios, quizá por no vislumbrar un futuro para sus niños pequeños.

Nos citamos a la entrada, justo frente a una estatua de toque maternal hippioso tallada por mi padre hace muchos ayeres.  La carroza nos precedió casi sin ruido por la avenida lateral izquierda, milagrosamente libre de la grotesca invasión de tumbas que rellenan cualquier espacio posible en este lugar de descanso eterno.  El solo caía a plomo y la obligada ropa obscura concentraba los rayos del sol de tal manera que nuestros hombros se cargaban voluntariamente con una pesada losa que rápidamente deprimía nuestro ánimo. 

Llegamos por fin a un punto de donde había que bajar cajón, flores y lamentos para acarrearlos en mezcla familiar a depositarlos en el regazo recién abierto en la tierra para albergar a uno más de sus hijos que ha completado su periplo.  Las tumbas que nos rodean no son solo de la piedra blanca y gris que normalmente se ve en un lugar de estos.  El azul chilapa, verde bosque, rosa mexicano, amarillo limón, violeta lavanda, todos colores que la alegre gente de la costa plasma en las fachadas de su casa los acompañan también a dar tono a su última morada.  Pienso que solo en Veracruz y en Guerrero se deben vender estos colores para pintar las casas y las tumbas; al fin y al cabo costeños, solo que con diferentes mares.

 Comenzamos a caminar entre las tumbas, sobre las tumbas, a través de las tumbas.  En este maldito desorden que se pavonea en este panteón, no se puede sentir menos que vergüenza de pensar adonde es que viene uno a dejar lo que queda de sus seres queridos.  Pero no hay otra manera de pasar por aquí; planto un pie en una tumba blanca, luego piso una rosa, de ahí a una azul, luego una morada.  Me siento incómodo de pensar en la afrenta involuntaria a pesar de que no soy de mucho pensar que ahí dentro quede algo de la persona que alguna vez se quiso.  Observo varias cruces rotas y me explico de inmediato como es que así acabaron al ver golpear con el ataúd una de ellas que bloqueaba el paso del recién llegado.  Prefiero ni pensar que esto represente un mensaje.

¿Cómo es que se llegó a tener tal invasión de tumbas en este lugar? ¿No hay un encargado, un director, una persona con un mínimo de consideración para con el dolor ajeno?  Dichosos los que aquí trabajan que los inquilinos no se puedan quejar, porque de seguro ya les hubieran hecho un justo plantón a las puertas del ayuntamiento.  Y las historias de abusos abundan.  Ayer mismo un buen amigo me platicaba que fue a ver la tumba de su mamá, fallecida hacía cincuenta años y encontró que…¡ya había una tumba de otra persona construida encima de la de su ser querido!  En estos momentos todavía no le resuelven el trance indignante de saber donde pusieron los restos y cuál va a ser el nuevo lugar en donde los va a depositar.  Ya todos los cuates le dijimos que los saque de ahí y los lleve a un lugar más digno.  A otro amigo cuyos parientes tienen una gran tumba familiar le rompieron el candado de la entrada y convirtieron en bodega de herramienta el lugar sagrado.  Indignado también por la falta de respeto, el descaro y el exceso abusivo mandó traer un camión y llevó todos los tiliches a un basurero.  Todavía alguien por ahí del panteón le pregunto que le iban a reclamar por el acto arrebatado.  Les contestó que al que lo hiciera lo iba a meter a la cárcel por invasor.  Fin del capítulo.

La escena siguiente es la de los dolientes alrededor de la tumba abierta, apretadamente acomodada entre otras seis que se resignan a ser las nuevas vecinas.  Con el cajón puesto de lado la familia y los amigos dan rienda suelta a sus pensamientos: llaman al fallecido, le recuerdan sus promesas, añoran su alegría y su gusto por el baile, le aseguran que le aman, le ofrecen no olvidarlo.  Los que atestiguamos esta manifestación nos apesadumbramos sintiendo que alrededor revolotean nuestros respectivos muertos.  Al oír los lamentos recuerdo la muerte de mi padre, de mi abuela, de mis amigos Mario y Santos, de don Hosé, doña Marichuy.  Lo multiplico por los que estamos aquí y resultan varios cientos de recuerdos de alta intensidad.  ¿Será esta la bienvenida que dicen que hacen los espíritus recibiendo al recién fallecido? Quiero pensar que sería una buena explicación.  Vuelvo a recorrer la escena y el amontonadero de lápidas me parece ofensivo e irrespetuoso ante el dolor tan sincero de mis amigos.

Una loquita llego con su bote de plástico lleno de resistol amarillo y pedía a gritos que abrieran el ataúd para ver al muertito hasta que la corrimos de mala manera.   Se asomaron dos guitarras con sus respectivos trovadores a ofrecer “la música” para la ocasión.  Al principio no fueron bien recibidos, pero ellos confiaron en la costumbre de lo de siempre.  Finalmente el luto venció la resistencia al gasto adicional  y las notas espesaron el caldo de tristeza que ya hace rato se cocinaba.  Lagrimas de adultos que dolía verlas; lágrimas de niños y de hijos pequeños que pesaban una tonelada en cada corazón que las atestiguaba.  Por lo menos la música amortiguó el fúnebre chirrido de las cucharas de los albañiles mientras cerraban la nueva celda.    Al final quedó una húmeda caja gris, impersonal, común.

Las mujeres se acercaron y con una diligencia inexplicable comenzaron a acomodar los cientos de flores que se habían traído.  Acomodaban cuidadosamente cada arreglo y cada manojo, empeñándose de manera irreal en dejar un testimonio de amor que sabían desaparecería al día siguiente marchitado por el sol.   De una bolsa en donde traían crisantemos blancos recuperaron pétalos que se habían desprendido y con soberbio sentido del equilibrio dibujaron una elongada cruz a la mitad de la lápida.  Tres rosas encarnadas remataron el centro de la misma y después de unos minutos de murmullos de despedida salimos casi sepultados por el sol de las 5 de la tarde. 

En el camino de regreso continué viendo tumbas invasoras, piratas, ladronas de espacio para moverse.  Pero ellas no tuvieron la culpa, ni los muertos que acunan tampoco.  Fueron los vivos que en su afán de “vivos” y de seguro por una corta feria mancillaron este lugar de tranquilidad y recogimiento.  Pero, que podíamos esperar, Acapulco es así.  Se invaden banquetas, parques y terrenos.  Estacionamientos, playas y cerros.  ¿Por qué no habría de ser igual con este cementerio, la última morada que a la hora de ser pieza urbana se convierte en el Acapulco caótico de cada día?

Posteado por: oceanido | septiembre 2, 2011

Javier Morlet: agonía de tiempo completo

Me dieron a leer una entrevista que hicieron a mi primo Javier Morlet la semana pasada.  Impresionado por el mensaje, le pedí que me permitiera escribir un artículo acerca de él, de la próxima marcha con Javier Sicilia en el puerto y demás etcéteras.  Siendo hombre modesto y sencillo, al principio se negó.  Después lo pensó y quizá creyó que cualquier ayuda podía servir en su cruzada personal.  La desgarradora cruzada en busca de su hija Adriana.

En la entrevista publicada en el periódico El Sur del 26 de agosto pasado mi primo hace una valiente denuncia de lo que todos sabemos, de lo que todos murmuramos, de lo  que todos nos lamentamos.  Habla de esa violencia y de esa alta vulnerabilidad que con aterradora equidad social vivimos a diario, que no hace distingo entre ricos y pobres, ni hombres de mujeres ni adultos de niños. Habla de la impunidad total y de la enojosa e indignante colusión de cuerpos policíacos, irónicamente armados y pertrechados para defender a la ciudadanía, pero convertidos en defensores de facto de la delincuencia que hoy por hoy es la autoridad en nuestras ciudades.  ¡Qué valiente es Javier! ¡Cuánto se expone!  ¿No teme por su vida?

No. Tuvo el valor de colocar su denuncia con todas sus letras porque hace tiempo que está casi muerto.  Once meses van que su querida hija Adriana no aparece.  Ni siquiera sabe si vive o no. En la mesa del café le comparamos con gran distancia por sobre su tocayo el Sicilia y reconocemos que su pena es mayor y más viva: el poeta tuvo a su hijo muerto en los brazos y vive su luto a plenitud.  MI primo vive la agonía de tiempo completo de no saber hasta ahora nada de ella.  Ni siquiera puede llorarle, pues llorar sería como darse por vencido y eso para él es un rotundo jamás.

Difícil imaginar esas noches, de seguro llenas de recuerdos. Difícil imaginar esos días, en que la esperanza debe renacer con el primer rayo del sol y se va desgranando conforme pasan las horas.  Vuelve la noche y la derrota de un día más y una esperanza menos se instala seguramente en sus fuertes hombros, que a la fecha han mostrado ser a prueba de todo.

Lo observo instalado en su lugar en el café, allá al otro lado de la mesa.  Inteligente y analítico, junto con sus hermanos Ricardo y Alejandro conforman la autoridad en la opinión del grupo.  Humor ácido, respuestas rápidas, temas de actualidad, toros, futbol y bromas pesadas son el festín de a diario en nuestro lugar de reunión.  A ratos lo veo participando como siempre, atento y dispuesto.  Luego su mirada escapa, se sumerge en el río de carros que pasa por la Costera y su espíritu nos abandona buscando quizá a su Adriana.  Hoy trataba yo de penetrar en esos ojos apagados y esas ojeras que no le permiten mentir acerca de su estado de ánimo. ¿Qué pensará? ¿Estará recordándola? Quizá dando sus primeros berridos al respirar de recién nacida; puede que la vea viniendo hacia él cuando era bebita con pasos vacilantes y llamándole papá; quizá sea correteando para mostrarle un dibujo hecho con crayolas donde lo tomaba de la mano bajo un sol hecho con un círculo erizado de rayos vacilantes; casi creo que la imagina llegando de vacaciones de la universidad contándole que materias había pasado y que ella y su novio habían peleado por nada.

Vuelve del ensueño y le cuesta trabajo enrolarse en el ritmo de la plática. Sí, sí estaba pensando en ella, pero ¿podría ser de otra manera?  Que otra cosa podría importarle más que esto ahorita.  Ha dejado atrás trabajo, vida, sueño, tranquilidad.  Solo le sostiene la tozuda y paternal decisión de alguna vez encontrarla.

Hombre de leyes y de confianza absoluta en su país y en las instituciones que lo conforman, ha dado la batalla siempre en el marco de la legalidad.  Con su mente privilegiada ha llegado a donde nadie más habría podido hacerlo.  Ha bajado a los círculos más profundos del infierno y se ha estrellado repetidas veces contra la muralla de negligencia, simulación, corrupción y vileza que constituyen el núcleo más esencial de la corporaciones policíacas y el sistema de justicia de nuestro país, siempre dispuesto a defender los intereses de quién sabe quién poderoso, pero que definitivamente está ausente para asistir al ciudadano común y corriente.  Javier no es hombre de armas y de ataques rápidos, cobardes y devastadores como los que ahora nos atemorizan. El es de creencias y convicciones más profundas, aquellas que le llevan a cuestionarse la existencia de Dios y de su país, que le llevan a preguntarse públicamente acerca del destino en las circunstancias actuales de toda una nación a fuerza de arriesgar el suyo propio.

La excelente foto que acompaña al artículo resume un final no escrito.  En ella aparece Javier en una mesa del café Astoria en una actitud franca de reto.  Con la cabeza en alto, inclinada hacia un lado con gesto inquisitivo y con el mentón levantado como dando a entender que ha dicho lo que tenía que decir el hombre de la calle, el ciudadano, el padre de familia herido por la delincuencia sin freno, el que no tiene nada que perder.   Cuestiona a la autoridad que ha hecho un mal trabajo en la sociedad y que tiene que exigir a la gente que hable bien de su ciudad para señalarle como traidor si se llega a quejar de lo que le parezca mal, así sea falta de agua, vialidades destrozadas, una policía inútil y corrupta o un ayuntamiento sin recursos para atender la demanda ciudadana.   Los que en verdad amamos a Acapulco nunca hablamos mal de la ciudad: hablamos mal de los que la tienen como está.  Cirugías plásticas, poses dignas, declaraciones optimistas, banderas de lucha absurdas y eventos con famosos no son suficientes para borrar de los medios nuestros 5 o 10 muertos diarios ni siquiera de la prensa local.  Discotequeros, restauranteros, escuelas particulares, empresarios diversos y taxistas hablando por sus bolsillos confirman esto al hacer el recuento de los desastrosos efectos en la vida económica del puerto.  El toque de queda en nuestro añorado Acapulco nocturno no es convocado por la autoridad: es impuesto a fuerza de infundir miedo por los que han demostrado ser más efectivos que el proyecto de gobierno que alguna vez deseamos.

Cuando venga Javier Sicilia a Acapulco de seguro irá al lado de mi primo Javier Morlet en esta ya cada vez más frecuente tipo de marchas.  Los une una pena común, al igual que la de miles de otros mexicanos que han sufrido de pérdidas y desapariciones de familiares y que no por ser un evento repetido decenas de miles de veces ha dejado de ser una afrenta dolorosa.  Estoy seguro que la foto de entonces será dura y en ella la pregunta muda que lance Morlet estará a la espera de lo que respondan las autoridades.  Ahí veremos si están a la altura de lo que él, Acapulco y México merecen.

Publicada en el periódico El Sur del 01 de septiembre del 2011

Posteado por: oceanido | febrero 2, 2011

Dos consejos para un gobernador

A riesgo de que este escrito sea tomado como uno más entre las miles de cartas aduladoras que me imagino recibirá por su merecido triunfo a la cabeza de la coalición de fuerzas de izquierda de nuestro estado, le hago llegar mi muy personal opinión de lo que se podría hacer en Guerrero ahora que en el mes de abril se inicia en una nueva administración estatal.

Creo que es obligación moral de cualquier ciudadano – y en mi caso como Oceanólogo- el aportar lo mejor que se tiene para la tierra en que se vive y en mi caso para la que me vió nacer, especialmente y por mucho por Acapulco por el que comparto con muchos buenos acapulqueños y mexicanos un cariño tan grande que me lleva a indignarme y protestar cuando las cosas son negativas para la ciudad y para todos los que ahí vivimos, así como para los que dependen de ella y que es como bien sabemos el resto del estado.

En este sentido lo mejor que le puedo ofrecer de la manera más respetuosa como consejo a nuestro nuevo gobernador es lo siguiente:  lo primero y muy importante, cuide y mejore la parte ambiental de su gobierno.  Lo segundo, por favor atienda al sector pesquero y ayúdele a ingresar al siglo XXI.

En lo primero creo que es poco lo que se tiene que aclarar al nuevo gobernador “ecológico”.  Las continuas crisis ambientales que hemos estado enfrentando a nivel mundial, el obligado reconocimiento del Cambio Climático como una amenaza global y la empecinada y terca destrucción irracional de los recursos naturales son el escenario actual del mundo que se refleja indefectiblemente en el estado que le tocará gobernar.     Los que tenemos como guía de vida el respeto a la naturaleza y votamos por Ángel Aguirre estamos a la espera de un líder positivo auténtico para hacer el trabajo y creemos que es usted.

Esperamos que no ceda a la tentación y a la manita de puerco de los compromisos que le lleven a ejecutar el clásico “bomberazo” de poner en la cabeza del sector ambiental a una persona con un perfil que no tenga nada que ver con las cuestiones ecológicas, porque créame señor gobernador, las cuestiones ambientales son demasiado serias e importantes como para ponerlas en manos de alguien que como única virtud tiene el ser hermano de un líder de partido.  Es verdad que se dice que estos son puestos políticos y que deben ser ocupados por un político asesorado por expertos ambientales,  pero… ¿por qué no probar con un profesional en el ambiente asesorado por políticos bienintencionados?  Podría ser una combinación novedosa que estableciera una sana línea de desarrollo sustentable para un tema que ha sido muy utilizado en el discurso oficial porque representa “lo bueno”, pero que en la práctica solo ha sido una bandera para justificar lo injustificable.

  Eso se lo pedimos de corazón los ciudadanos ecológicamente conscientes, grupos ambientalistas y personas interesadas en cuestiones ambientales, que dicho sea de paso debo hacerle ver que son los luchadores sociales que más gente representan, pues no sólo piden y buscan para la gente con la que conviven en su época sino que también lo hacen por los centenares de generaciones que están por nacer y que conforman la población futura.

El segundo consejo tiene que ver con el sector pesquero.  Un sector desatendido técnicamente y con el que muchas veces se ha negociado “políticamente” de manera perversa con la entrega de equipamiento para fortalecer un esfuerzo de captura que ya no encuentra suficientes recursos pesqueros ni tan siquiera para poder atender necesidades de autoconsumo, ya no se diga las demandas de consumo del sector turístico de nuestro estado y menos aún la comercialización de excedentes en los estados del interior.

Esperamos también que el nuevo gobernador “pesquero” no ceda a la tentación de seguir proveyendo de lanchas, motores y redes a una desorganizada y conflictiva flota artesanal cuyos integrantes piensan que yendo más lejos van a mejorar sus capturas, incrementando con esto sus costos operativos y por tanto el precio del producto, arriesgándose tanto que son comunes los naufragios en alta mar, evento que nuestros pescadores románticamente llaman “perderse en el mar”.

El nuevo horizonte al que deben dirigir sus esfuerzos los pescadores es la acuicultura y la motivación es quizá porque no les quede alternativa.  En los estados del norte, potencias pesqueras a nivel nacional, la tendencia es la de disolver las flotas pesqueras y establecer empresas acuícolas costeras que son más seguras, entregan producto de mejor calidad y le dan una estabilidad económica al productor que jamás podrá tener un pescador artesanal, y menos con la situación de deterior que actualmente tienen las pesquerías de nuestro estado.  El grado de desarrollo económico de nuestro sector pesquero es equivalente al de un cazador-recolector de la prehistoria y como bien sabemos esos grupos jamás fundaron ciudades pues el perfil cultural permeado de su actividad principal no se los permitía.  Se necesita pasar a la etapa equivalente a la de “agricultura”, que fue la que permitió la fundación de poblados, ciudades y finalmente civilizaciones.

Para superar este contexto de inmovilidad productiva se tendría que implementar un gran programa de desarrollo acuícola con una especie commodity con posibilidades de integración de valor agregado como es la tilapia, teniendo como mercados meta La Nueva Viga en la ciudad de México y el Mercado del Mar en Guadalajara, siempre hambrientos de producto fresco y de buena calidad para abastecer al resto del país mediante su cartera de compradores.  Este gran programa podría ser llevado a cabo en la región costera de nuestro estado y en algunos embalses y distritos de riego, todo bajo un estricto control técnico para convertir nuestro estado de –increíble- importador de pescado a potencia acuícola a nivel nacional con ciclos de producción todo el año, gracias al calorcito permanente de la costa guerrerense que no solo nos trae fieles turistas a pesar de todo lo malo que leen en los medios,  sino que también nos podría tener produciendo pescado todo el año para iniciar una nueva industria que permita la integración productiva de pescadores artesanales, agricultores de temporal y ganaderos ramoneadores de nuestro estado.  En 1996 siendo Ud. gobernador interino signó junto con funcionarios de la provincia de Fujian en China un acuerdo de colaboración para desarrollo acuícola que hasta la fecha no se ha aprovechado y que demuestra el potencial que todo el mundo –literalmente- nos ve para producir y que no hemos podido consolidar, nuevamente por colocar en puestos estratégicos a funcionarios que no cuentan con los conocimientos especializados necesarios y que solo dan a la problemática pesquera salidas “políticas” correctas pero fallidas en la parte técnica y productiva.

En perspectiva esperamos que nuestro gobernador pueda romper el hechizo maligno que ha rodeado a los nombramientos para funcionarios a la cabeza de los sectores productivo y ambiental, pues si el razonamiento es que para la Secretaria de Salud generalmente se nombra a un doctor, para la de Finanzas a un contador público o administrador de empresas, la de Desarrollo Urbano a un ingeniero o arquitecto, ¿por qué es que para la parte ambiental o productiva no se escoge a alguien que sepa de ecología, recursos naturales, producción agrícola, pecuaria o pesquera?

¿Qué lograría nuestro gobernador siguiendo estos dos amables y quizá atrevidos consejos provenientes de un ciudadano cualquiera?  Primero, conservar Guerrero y sus recursos naturales para usufructo ad eternum de todos sus habitantes, en una iniciativa social sin precedente de asegurar el acceso para la generación actual y las venideras de recursos tan difíciles de conseguir como son el oxígeno y el agua.  Y segundo, siempre sobre la línea de conservación ambiental marcada por el primer consejo, convertir al estado de Guerrero en una potencia acuícola a nivel nacional con ventajas competitivas principales de cercanía con la Cd. de México y producciones prácticamente constantes a lo largo de todo el año.  

Nada mal para un gobernador que en poco tiempo tiene que hacer mucho por su estado.

Posteado por: oceanido | noviembre 1, 2010

Calaveras ambientales

Por:  Efrén García

Con el propósito de recordar algunos asuntos pendientes en materia ambiental y al mismo tiempo una celebración tan mexicana como el Dia de Muertos, me atrevo a incursionar en el admirable arte popular de hacer “calaveras”.  La primera es de disculpa, las que siguen…pues del tema de siempre.

Mea dis-culpa

Hacer una calavera ambiental
nunca fue oficio mío
pido disculpa si por denunciar el mal
parece en lo que escribo gran desvarío

 Escribo con un anhelo verde
en este Día de Muertos
lo verde es lo que se opone a la muerte
y para abrir ojos ciegos y tuertos

  Río de la Sabana-Laguna de Tres Palos

Aun cuando es razonamiento elemental
y de prevenir con atención temprana
nunca se aprobó la educación ambiental
y se desbordó el Río de La Sabana

 Cauce tapado, sin zona federal alguna
junto con pestilentes aguas residuales
le dieron tres palos a la laguna
tornándola en sucios lodazales

 Murió el Río de Sabana y Laguna de Tres Palos
mientras CAPAMA y CONAGUA debatían
si era más importante no aparecer de malos
en las noticias del mediodía

  Cambio Climático

 Vino la Parca a Guerrero y dijo
“Estos son puros talamontes y urbaneros…”
y con esta frase asi los maldijo
mejor arreo con todos estos…ciudadanos

 El Cambio Climático para mí es bueno
por los que invaden la zona federal
ahora  les envío un torrente como trueno
para los que rebasan la lìnea fatal

 No se pusieron de acuerdo
para capturar con árboles carbono
aquí es donde pierdo yo lo cuerdo
y me los echo porque me encabrono

 Nunca creyeron verdad de importancia
el asunto del Cambio Climático
me pagaron con la vida su ignorancia
 y por hacerlo puro asunto mediàtico

  SEMAREN

Los animales de Zoochilpan como una ola
en singular y común suerte
quisieron dejar de comer en bola
y entregarse mansitos a la muerte

 “Prefiero esta muerte a seguir embardado…”
se quejó un jaguar en su celda
triste se le solidarizó un venado
por también vivir fuera de su selva

 No es un zoo un lugar digno
para hábitat de ningún animal
ni tampoco para hacer gran distingo
en cuestiones de educación ambiental

 Si cree que todo esto es justo y sano
le pedimos al jefe de SEMAREN
que con todos lo que aquí estamos
se venga a vivir también

 La bahía

 Muere la bahía de Acapulco sin ser certificada
murió el turismo, la cosa esta que arde
todo por hacerla pasar por inmaculada
pero solo por tele y las noticias de la tarde

 La gente no quiere venir a vernos
le teme a los coliformes
pero más teme a buenos y malos
que ya usan los mismos uniformes

 La Condesa, Papagayo y Tamarindos
ya no hay playa en que alguien se meta
pues provocan malestares de lo lindo
y a la muerte por bacteria se le respeta

 Vuela vuela palomita, vuela sin ningun temor
ve a cantar a otras naciones
que Guerrero a Acapulco perdió
mientras se ocupaba de sus elecciones

 El Veladero

 Murió el Parque El Veladero y sus selvas
ante la mirada apática del gobierno
invasiones, roza, tumba y quemas
todo todito se fue al infierno

 Selva mediana y baja despertaban verdes ilusiones
y con sus árboles el suelo arraigaba
todo fue carne para invasiones
que Invisur con papeles regularizaba

 El Veladero era barrera fuerte
que protegía a ricos y pobres de males
ahora en la ciudad se anuncia la muerte
por haber rapado sus laderas de vegetales

 Muere Acapulco, lo sepultan miles de piedras
que conformaban el Parque de El Veladero
todo por ser invadido por hienas
y ser legalizadas por algún líder dinerero

 La Roqueta

 “Los ambulantes invaden la isla…”
corrió el rumor por Caleta
son lancheros rojos y verdes
se quieren quedar con La Roqueta

 A oídos llegó de mi amiga lista
el clamor de los acapulqueños
y les salió al paso la ambientalista
luchadora acostumbrada a grandes empeños

 Sorprendió la huesuda a Robyn
mientras le reclamaba al gobierno
y no se detuvo a juzgar móvil
se la quería llevar al averno

 Del cielo bajó un ángel tierno
con la firme y divina consigna
de llevar a Robyn ante El Eterno
como premio justo a esta valiente gringa

 Canal de Bocachica

 Se quedó la bahía sin pesca, ¡huy, que gran desmayo!
ahora dicen fue suerte maldita
más bien fueron tramposos trasmallos
tendidos en el Canal de Bocachica

 Pescadores sin conciencia
y alegando hambre y falta de trabajo
se oponen a lo que les dice la ciencia
y mandan todo al carajo

 “El mar es de todos “, gritan al que critica
y con amenaza de tomar calles y oficinas
a SAGARPA y sus inspectores rapidito momifican
mientras al “mar de todos” convierten en letrina

 Ballenas, peces y gente con redes atrapan a cada rato
escudándose con noche y pocos inspectores
a fauna y flora hacen blanco de su maltrato
con sus ilegales y destructivas labores

 POET

 EL POET murió nonato
sin provecho para la población
pues ya tiene que se contrató mucho rato
y no ha servido para la planeación

 Su muerte fue por “ordenamiento”
pues regularía uso de suelo y causó horrores
por lo que no se pensó en ningún momento
darle fuerza por arriba de regidores

 SEMAREN y el ayuntamiento por el asunto se muerden
no quiere ninguno ser motivo justo
de dar su importancia a lo verde
y provocar asi del gobierno un disgusto

La gente ve desaparecer
sus servicios ambientales
por funcionarios con poco merecer
y no pensar del pueblo los males

Posteado por: oceanido | octubre 9, 2010

Los pueblos tienen el clima que se merecen

Por: Efrén García

En esta primera semana del mes de Octubre el Centro Acapulco, que yo pensé que estaba cerrado pero sigue dando servicio, fue sede del Segundo Encuentro Regional de UMAS Sur-Sureste 2010.  El acrónimo proviene de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, refiriéndose en pocas palabras a espacios dedicados a la conservación y reproducción de tales especies como una alternativa de rescate de fauna y flora silvestre y simultáneamente oportunidad de negocio que puede ayudar a conservar recursos naturales al explotarlos de manera racional y procurando, de acuerdo a criterios de sustentabilidad, su preservación a lo largo del tiempo.  Evento interesante al que acudió el Secretario Elvira Quesada como cabeza de sector en un evento promovido en el estado por el Prof. Daniel Vega Villanueva, delegado federal de SEMARNAT, con la asistencia de gente tan importante a nivel nacional como lo son el MVZ Martin Vargas, Director General  de Vida Silvestre.

 Visitamos stands que hablan del desarrollo desigual de los autonombrados umeros, en el que igual se mostraban conceptos avanzados de reproducción de especies para su venta como mascotas, pie de cría o carnes y pieles, hasta la exhibición  descuidada y fuera de contexto de Zoochilpan, insistentemente presentada como el máximo logro conservacional de la actual administración estatal.  Otro elemento discordante: una asociación de capturadores de aves silvestres con un montón de jaulas con pájaros que saltaban aterrados cada vez que hacían disparos con un rifle de aire en un stand de tiro que estaba justo frente a ellos.  Es difícil imaginar el stress al que estuvieron sometidos estos animalitos durante más de seis horas diarias los tres días que duró el evento.

En las numerosas pláticas nos enteramos de experiencias exitosas y difíciles de lograr, en especial en los estados del norte, en donde las UMAS son numerosas y sumamente rentables, especialmente las que explotan el renglón cinegético.  Y como para muestra basta un botón, en ranchos de cacería de borrego cimarrón el permiso de caza de un ejemplar durante 15 días alcanza hasta los 50 mil dólares…¡y falta que lo puedan cazar!  Estos datos económicos hicieron que le dieran vueltas los ojitos al gobernador en la inauguración cuando supo del potencial económico que tiene este tipo de actividades, hoy por hoy desconocidas en un estado de Guerrero aún dedicado fielmente a las actividades de caza y recolección tradicional como en los muy viejos tiempos.  Por cierto, a pesar de que las UMAS fueron señaladas en repetidas ocasiones como una estrategia viable en todos los sentidos, el estado mexicano dedica tan sólo 70 millones de pesos al año para su promoción en nuestro país, contrastando contra programas como el PROGAN operado por SAGARPA para apoyo de ganadería poco rentable y destructora de selvas y áreas naturales al cual se le dedican cantidades del orden de los $3,000 millones de pesos por año.

Lamentablemente me perdí el segundo día por cuestiones de trabajo, en donde se trataron temas prácticos de instalación de UMAS y los procedimientos legales y técnicos, reservándose la última jornada para temas de gran impacto como son el financiamiento por medio de Banobras, que finalmente no se dió por falta de quorum, y la influencia de procesos globales tales como el calentamiento global en esta y otras actividades que tienen que ver con el ambiente y que son las que fijan la posición cero para cualquier actividad que tenga por base un recurso biológico.

En este renglón la Dra. Amparo Martínez Arroyo participó con una ponencia de tintes desesperados con un tema que desde hace tiempo afecta transversalmente cualquier proceso de planeación presente y futuro en cuanta actividad nos podamos imaginar:  el Cambio Climático.

Como la ponente llegó tarde se adelanto la plática de Octavio Klimek, que con su acostumbrado manejo conocedor de materias científicas en mezcla explosiva e inestable con grilla palaciega nos entregó la primicia de la legislación en cierne que pretende regular las actividades que en nuestro país  generan compuestos de efecto invernadero –en los que se incluyen gases y polvos- junto con unas, como el mismo Octavio denominó, propuestas aspiracionales de cómo deberían ser las cosas para todo funcionara mejor.

Una vez instalada la ponente hizo un recorrido rápido y experto para situarnos en donde quería y que era que nos asombráramos con unos gráficos de distribución de temperatura en el planeta entero.  Se acostumbra en este tipo de mapas hacer una gradación de temperaturas de colores “fríos” generalmente representados por azul celeste o índigo, a colores “cálidos” representados por anaranjados y rojos.  El punto intermedio es de verde a amarillo que hasta el día de hoy es usado para representar temperaturas moderadas en nuestro planeta.

La perspectiva en los próximos 50 años es que todo el planeta se tiña de rojo, rojo máximo de temperatura, rojo tope de la escala de calor, rojo infierno.   Ni siquiera el mar, que tradicionalmente poco  tenía de encarnado por ser difícil elevar o disminuir la temperatura del agua, se salva de este proceso. Del tradicional estrecho cinturón anaranjado rojizo alrededor del Ecuador, la banda se amplía más al norte y al sur de los trópicos de Cáncer y Capricornio en una acometida hacia los polos de color rojo encendido.  En verdad es difícil imaginar un planeta con una temperatura tan homogénea en los rangos altos.  Vientos, agua, vapor de agua, lluvias, patrones de reproducción de especies vegetales y animales, sincronización de relaciones predador presa desde nivel bacteria hasta animales de la sabana africana se verán severamente alteradas cuando no destruidas por este al parecer imparable proceso.  Y como cereza del pastel nos encontramos con un océano perdiendo su capacidad de absorber bióxido de carbono por disolución o por asentamiento en aguas profundas de microorganismos que encuentran difícil reproducirse en un medio cada vez más alterado.  En ecología esto representa una disminución de biodiversidad y aumento en biomasa de las pocas especies que sean resistentes, o dicho en otras palabras, extinciones masivas y su substitución inmediata por especies en puntos bajos de la escala evolutiva que son las que generalmente aguantan de todo.   Nos enteramos de este rudo escenario mientras unos chamacos de secundaria interrumpían constantemente en una esquina del salón con su plática boba de adolescentes, sin darse cuenta de que ellos serían los habitantes de ese no tan lejano planeta teñido de carmín.    En su etapa de adultos y en medio de tanto rojo seguramente recordarán cómo nosotros nos reunimos para platicar cómodamente de lo que les iba a tocar vivir.

Una vez fuera de la ponencia me acerqué a la doctora para agradecerle su exposición y comentarle que nos cuesta reconocer que en todo esto todos tenemos mucho de culpabilidad.  Por desidia, por ignorancia, por no abandonar nuestra comodidad, pero algo tenemos que ver todos.  Y en ese sentido, parafraseando y llevando más allá  la sentencia de que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen” le comenté que con nuestra condescendencia  estamos validando el hecho de que los pueblos tengan el clima que se merecen.  Me refutó de inmediato diciendo que no somos nosotros los principales productores de componentes de efecto invernadero, y que los países más desarrollados tienen mayor responsabilidad en este proceso perverso.  Quizá tenga algo de razón en esto.  Pero aún así tenemos de la obligación de alzar la voz para el que país se haga oír en una comunidad global en la que todo lo que se haga nos afecta a todos por igual.  Y no por eso tenemos que esperar a que los hermanos mayores sigan decidiendo por nosotros, pues hasta ahora no han hecho un buen trabajo.  Y nosotros copiándolos en todo tampoco.

Artículo publicado en El Sur el día 13 de octubre del 2010

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