Posteado por: oceanido | abril 27, 2017

La migración final del Delfín

BetoFaresIn Memoriam Alberto Fares del Río.

Por: Efrén E. García Villalvazo

En estos momentos es cuando es más difícil escribir, pero se sabe que hay que hacerlo.  En parte porque el amigo lo merece, en parte porque uno lo necesita.  Me llama mi hermano Tito desde Los Cabos hace menos de una hora para avisarme que Beto se había ido.  Hacía unas semanas que le habían intervenido del corazón y había salido bien, pero al parecer el relojito finalmente decidió detenerse.   Curioso, siempre pensé  que lo que más tenía Beto era corazón y es lo que fue a fallar.

Sé que mi amigo ahora vagará feliz por nuevos, coloridos y submarinos lugares, consuelo para los buzos que creemos que la vida -y el buceo-  no termina con la muerte.  El lamento es más bien de carácter egoísta, ¿qué haremos ahora sin Beto Fares?  El café de los jueves en Sanborn´s del centro recibe un duro golpe, justo ahí donde duele.  Su lugar a la cabeza de la mesa y recargándose en el poste central del restaurante queda vacío.  El saludo a gritos alegres y con bromas burlonas desde que se entra al restaurant calla de ahora en adelante. Los regalos para ayudarles a “levantar” el ánimo a sus amigos serán extrañados.

 Su sonrisa amplia y amistosa por encima de sus collares con colmillos de tiburones prehistóricos y coloridas camisas estampadas con animales marinos eran sus más preciadas posesiones, además de sus amigos a los que siempre ayudó y trató con esa varonil camaradería que nos hizo amarle en vida, y ahora lo sabemos, en su muerte.  Por eso es que me vuelvo a preguntar, ¿qué haremos ahora sin Beto Fares?  La tristeza me inunda de cabeza a pies, espesa, obscura.

Hace no mucho tiempo veía un video que circula por la red, en donde la hermandad de buzos de Acapulco se reunió para sumergir la nueva imagen de la Reina de los Mares que está en el islote de La Yerbabuena.  Ahí aparece nuestro añorado buzo Mario Murrieta dirigiendo la maniobra, entre un montón de lanchas de fondo de cristal que no quisieron dejar de trabajar ni porque había buzos en el agua.  En varias tomas aparece Beto, llevando las tuercas, ayudando a colocar la estatua y al final, al lado de la virgen submarina que siempre fue su adoración.

De hecho él, junto con el buzo Mario Treviño y el padre Juan Carlos Rivas, fueron los promotores principales de este proyecto de alta espiritualidad en el que no solo consiguieron fundir y meter una nueva imagen de bronce de la virgen al mar sino que lograron que la bendijera personalmente el papa Juan Pablo II en uno de sus viajes a México, además de haber llevado la imagen por un recorrido por parte del estado de Guerrero antes de depositarla en su fondeadero marino final.  No olvidemos que la Reina de los Mares es una de los iconos más tradicionales y reconocidos de Acapulco, con un lugar irremplazable en la fe de los acapulqueños y los turistas que nos visitan.

Hay algo que hay que remarcar de Beto como persona: era un buzo que adoraba el mar y todo lo que tenía que ver con él.  Largas conversaciones tuvimos comentando de como se había deteriorado y como recibía contaminación de la ciudad que vive de él.  No era el mar que habíamos disfrutado en nuestra juventud y eso le pesaba e impulsaba en una lucha que termina con su partida, en la que platicaba a quien quisiera oírle las fantásticas historias que vivía en sus buceos por la bahía en compañía de amigos, famosos y jóvenes que seguían de manera ávida sus escritos en prensa local y en sus entrevistas semanales en la televisión del puerto, siempre en su particular estilo simpático y dicharachero que no le impedía sin embargo señalar con enojo las cosas que no le parecían correctas, siendo por esto un buen ciudadano.  Aún recuerdo como denunció furioso un cementerio de tortugas y uno de peces vela que mostraban el uso abusivo de los recursos del mar.

Debido a esto y mucho más se le reconoce como un impulsor inapreciable del buceo deportivo en Acapulco, sin falsos protagonismos buscados para satisfacer vanidades y aspiraciones egoístas, pero que sin embargo le llevaba a protagonizar por derecho propio una lucha quijotesca por la protección del medio ambiente marino y la ventaja de conservarlo como un gran atractivo turístico.    Por esto es que en un consenso a nivel ciudad es que llevaba –y con mucho orgullo- el mote de El Delfín Fares.

Es de recordar también su honesta participación en el malogrado proyecto de arrecife artificial que fue el barco de guerra Restigouche de la marina canadiense, el cual pretendía revolucionar el buceo deportivo en el país mejorando por mil la oferta de buceo en naufragios que era posible conseguir en México al principios del año 2000.  Se enfrentó de manera valiente y decidida a los intereses ocultos y convenencieros que se habían generado alrededor de este noble proyecto, que acabó siendo sacrificado al ser hundido en un lugar de difícil acceso, sepultando en el mismo evento largas y viejas amistades del puerto y varios prestigios personales duramente ganados también.

Viene a la memoria un proyecto –el último- muy acariciado por El Delfín, en el que quería rebautizar varios de los puntos de buceo reconocidos de la bahía y de la isla de La Roqueta con los nombres de buzos famosos del puerto, en un reconocimiento y consideración de que muchos de ellos fueron pioneros en esta actividad a nivel nacional e internacional.  En este grupo de manera amable nos había agregado a sus amigos buzos aunque no tuviéramos ni con mucho tantos méritos.  Esa era su manera gentil de incluir a sus amigos en su vida y en sus  aventuras marinas.

Nuestro Beto Fares migra al fin en la jornada que todos hemos de emprender, y dentro de la tristeza que sus amigos sentimos quisiéramos decir que una parte de él queda para siempre en nuestro corazón.  La verdad es que tarde nos damos cuenta que este simpático bribón se ha llevado una parte de nuestro corazón con él.

Adiós Beto-Delfín Fares, y a al estilo muy marinero tu amigos buzos y de tierra firme te desean buena mar y mejores vientos.

 

Posteado por: oceanido | marzo 6, 2017

Viviendo de prestado

GFootprintNetworkPor: Efrén García Villalvazo

Nooooo, no es la situación por la que pasan “unos pocos” acapulqueños, que andan pidiendo prestado a los que a su vez andan pidiendo prestado y se han vuelto clientes asiduos de numerosas casas de empeño del puerto porque no ven la suya por el efecto de la potente mezcla tóxica de inseguridad-bloqueos-añejamiento del destino-y oferta de otros lugares mejores en los negocios del puerto.  Se trata de algo que, aunque no lo pareciera,  se ve mucho peor.

El pasado 13 de agosto se cumplió una fecha para los observadores del desempeño del planeta Tierra que pasó prácticamente desapercibida para el grueso de la población.  Fue el día en que se consumieron todos los recursos que el planeta produjo en el año 2016 para el “mantenimiento” del propio planeta durante ese año, de acuerdo con la organización Global Footprint Network    Esto es, a partir de ese día la población humana sobregira su cuenta de uso de servicios ambientales, esos que todo mundo cree que son gratis, y entró de lleno a consumir los que “nos tocan” en el año 2017.

Esta original forma de acomodar las cosas para visualizarlas desde un punto de vista contable ayuda a conceptualizar algo que de alguna manera ya sabemos: estamos consumiendo demasiado rápido los recursos naturales del planeta.  Y no está quedando para los demás.  Si no hay suficiente para los de esta generación, muchos menos para los de “generaciones venideras”, frase principal y muy sobada en el nuevo discurso político cuando se quiere hablar de sustentabilidad, que en palabras llanas quiere decir que los recursos naturales alcancen para todos y por muy largo tiempo.

Pero eso está lejos del alcance de una generación que se formó con la disciplina de jornadas de trabajo extensas para poder comprar más cosas y de substituir el tiempo de calidad con la descendencia por objetos más costosos y novedosos que los del prójimo para poder hacer sentir que “se quiere más” que el que solo tuvo para un artículo modesto.

El proceso del consumo por el consumo es brutal para el ambiente, pues demanda cada vez más recursos para fabricar objetos de deseo que son cada vez más contaminante al llegar a los sitios de disposición.

El otro extremo está conformado por la multitud de objetos de ínfima calidad que duran un suspiro para lo que fueron diseñados y que acaban desechados (y contaminando) en un tiempo récord, teniendo que ser sustituidos por objetos similares y de calidad similar para poder dar continuidad a alguna función en particular.  Este es caso de la invasión de basura china, que va desde baterías inservibles a maquinaria y equipo que no funciona a veces ni por diez minutos.  Y lo mas increíble…¡la gente lo sigue comprando!  El argumento: es muy barato, aunque dure poco.  Y con ese estilo descuidado y de mínimo servicio, el gigante chino avanzó eones en pocos años sacrificando al mismo tiempo por contaminación cantidades ingentes de su propio territorio y de salud poblacional.

La pregunta que surge es la siguiente: si la tendencia es a consumir más recursos para hacer objetos que se desechan más rápido, el día 13 de agosto pronto se convertirá en julio, o junio, o en los primero meses del año.  ¿Que pasará cuando el mes sea enero?  Eso quiere decir que todo lo producido en un año se consumirá en un mes.  Y eso incluye artículos que no son “de lujo”, pero si más que indispensables tales como el agua, o el oxígeno. Y el día que se lleguen a  considerar de lujo….¡cuántos no podremos pagar el precio!

En amena plática mi buen amigo el geólogo criticaba la doble moral que en su opinión caracteriza a los ambientalistas, sobre todo a los más radicales.

-¡Como –dice- se atreven a criticar a las minas de tiro abierto (que utilizan cianuro para la extracción de metales) si ellos mismo usan esos metales en su vida diaria!  O a poco no usan carros para transportarse y varillas para construir sus casas.

-¡Que los dejen de usar entonces, y que vuelvan a la Edad de Piedra y entonces podrán abrir la boca para criticar la explotación minera! –remató enfático

Argumento débil en verdad, pues de entrada el hierro –carros y varilla- no se extrae que yo sepa con elementos tóxicos que apuestan al tratamiento de grandes volúmenes de material para extraer una parte ínfima de producto viable, dejando grandes cicatrices en los cerros que se ven desde el espacio, prácticamente repelentes al establecimiento de vegetación una vez que son abandonadas las explotaciones.

Y en segundo lugar le remato:

– Bueno. ellos en un momento dado podrían dejar de usar vehículos o casas y podrían seguir viviendo.  Sin embargo, mi estimado, cuanto días podrías tú vivir sin agua, producto muy refinado proveniente de ese complejo sistema que nos empeñamos a diario en descomponer.  O más dramático aún, cuantos minutos podrías vivir sin oxígeno.  ¿Diez minutos….5 minutos….tres quizá?

Ante su silencio y la búsqueda de nuevos argumentos para retomar el tema, surge la pregunta: ¿Porque nos empeñamos en arruinar la delicada, eficiente y muy necesaria maquinaria de la naturaleza para producir y sostener vida para producir en cambio esos objetos de deseo, desechables, efímeros y muchas veces muy contaminantes?   En estos momentos, tenemos muy bien ganado un cero en sustentabilidad.

Este año fue en agosto que agotamos nuestra ración.  Veamos nuestro desempeño del próximo año.

roquetaxxPor:  Efrén García

Tenía rato que no hacía el recorrido.  Es temprano todavía, algunos jirones de aire fresco circulan cerca del suelo y en esta época de oleaje tranquilo las ondas que llegan a la playa y los acantilados del sur de la isla de La Roqueta apenas y salpican un par de palmos por encima del nivel del mar.  El silencio como suma de todo esto es fascinador.

Emprendo el camino de subidas y bajadas que constituyen los antiguos andadores rústicos alrededor de la isla y mentalmente me resigno a un par de horas de ejercicio moderado en un ambiente natural con el olor de hojas secas de la época de estío.  Lo asumo con gusto.

Lo diferente ahora de La Roqueta es algo que por lo pronto parece intangible.  Un estudio diagnóstico exhaustivo llevado a cabo a lo largo de dos años y que ha sido entregado en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, solicitando que esta isla que es reservorio de flora y fauna regional se conserve para la presente y futuras generaciones.  El asunto aquél de la sustentabilidad que todos sabemos y repetimos en el discurso, pero ahora muy en la práctica.

¿Qué de especial puede tener esta pequeña isla de 65 ha junto con una zona marina de influencia inmediata de 354 ha que en conjunto no representan ni siquiera el 0.03% del mar territorial del estado de Guerrero?

El primer punto es que se reconoce es que es un territorio escaso.  Desde el estado de Michoacán hasta el Golfo de Fonseca (en el vecino país centroamericano de Honduras) es la isla más grande que encontraremos en más de 1,400 kms de franja costera.  Si estuviéramos hablando de un bien inmueble, la rareza que constituye una isla en esta región con islas escasas la vuelve sumamente valiosa.

El segundo es un fenómeno biológico conocido de todos los acapulqueños nadadores y remadores de Caleta a la isla:  la fuerte corriente marina que atraviesa el Canal de Bocahica, cuyo sentido está determinado por el ciclo de mareas.  Es uno de los pasos de agua hacia la bahía de Acapulco que acarrea de territorios costeros huevecillos, larvas y juveniles de gran cantidad de especies animales, los cuales constituyen el renuevo poblacional enviado por el mar para cubrir el propio Canal de Bocachica y una buena parte de la bahía de Acapulco.

En tercer lugar se encuentra la biodiversidad, ese concepto tan fácilmente confundido con un catálogo de fotos coloridas impresas en un libro, pero que en realidad representa el nivel de salud y operatividad que posee un ecosistema, que en el caso de la isla está representado por 455 especies marinas y 248 terrestres para sumar un total de 703 especies de fauna y flora asociadas a este pequeño territorio, hecho que lo coloca en los primeros 6 lugares en biodiversidad insular a nivel nacional.  Quince de ellas además están incluidas en una norma mexicana para protección de fauna y flora.

Finalmente, siguiendo la moda de hablar aunque sea un poquito de Cambio Climático, la isla también tiene algo que aportar.  Casi 6,750 tons de carbono se encuentran capturadas como biomasa en forma de troncos, ramas, raíces y cortezas de la vegetación y en el suelo incipiente que la cubre, mientras que la tasa de captura anual de este gas de efecto invernadero (GEI) se estima en casi 3,500 toneladas.  No está mal para un pequeño territorio que está prácticamente inmerso en la zona urbana.  Como refuerzo del tema, no hay que dejar de lado que para poder capturar esas cantidades de carbono se tuvo que haber generado oxígeno como subproducto, el cual se estimó  en un total de 9,300 tons por año.

Paso por encima de algunos árboles derribados por el último viento fuerte proveniente del mar y veo que la selva ya lo ataca golosamente para reintegrarlo a la producción de nueva vegetación del año siguiente, para lo cual se vale de hordas de hongos y bacterias que rápidamente convierten la dura madera en una pasta esponjosa obscura con aroma de humedad dulzona.

Pienso que no se podía haber escogido mejor momento para hacer la solicitud de declaratoria de área natural protegida.  El mismo día 22 de noviembre pasado que ingresábamos Robyn Sidney y yo el documento en las oficinas de la CONANP en México, el presidente de la república Enrique Peña Nieto recibía de manos de Nuria Sanz, representante de la UNESCO, un reconocimiento por las labores de protección del Archipiélago de las Revillagigedo, conjunto de cuatro islas oceánicas que con su lejanía de la franja costera ayudan a extender en gran manera la Zona de Mar Patrimonial de nuestro país.

Apenas diez días después el Dr. Alfonso Aguirre Muñoz, director de la asociación Conservación de Islas A.C. ganó el prestigioso Premio Midori otorgado por la AEON Environmental Foundation y la Convención sobre la Diversidad Biológica de la ONU cada dos años para tres personas que a nivel mundial hagan contribuciones excepcionales para la conservación y el desarrollo sustentable, premio entregado durante los eventos de la COP13, evento de gran trascendencia para la conservación de la biodiversidad que se llevó a cabo a principios del diciembre del 2016 en Cancún, Quintana Roo.

En este contexto de interés por la conservación de la biodiversidad en las islas es que surge en Acapulco una propuesta ciudadana fundamentada para lograr la declaratoria de las 419 ha de zona marina y terrestre que conformarán el futuro Parque Insular de La Roqueta y Canal de Bocachica, tanto para proteger lo mucho que aún queda de ella (visión ecologista) como para lograr su reconocimiento como activo valioso de la ciudad porque produce dinero (visión empresarial) y podría producir aún más si se le desarrollara en el sentido indicado por las tendencias turísticas más modernas, en las que se incluye la conservación del activo turístico durante largos períodos.  El asunto aquel de la sustentabilidad, pero muy en la práctica (repitiendo), en la que los sectores económico, social y ecológico coinciden en una suerte de matrimonio por conveniencia para sobrevivir en un mundo con recursos cada vez mas escasos.

El concepto de “desarrollo sustentable” comienza a ser obsoleto como definición, pues ningún desarrollo puede considerarse como tal si no integra las mejores características de sustentabilidad disponibles en la época.  Tenemos a la isla como oportunidad única a nivel nacional, sobre todo en el marco que proporciona la celebración del Tianguis Turístico 2017 nuevamente en Acapulco y la declaratoria del año 2017 como El Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, el cual promueve las siguientes prioridades:

  1. Crecimiento económico inclusivo y sostenible
  2. Inclusión social, empleo y reducción de la pobreza
  3. Uso eficiente de los recursos, protección del ambiente y acciones contra el cambio climático
  4. Respeto a los valores culturales, la diversidad y el patrimonio humano.
  5. Entendimiento mutuo, paz y seguridad.

Con el lanzamiento del Parque Insular La Roqueta y Canal de Bocachica como proyecto emblemático y prácticamente único de desarrollo turístico sustentable, el estado de Guerrero da un paso adelante en este nuevo derrotero que es reconocida tendencia generadora de éxito comercial a nivel internacional y se constituirá como punta de lanza para un relanzamiento de Acapulco como destino turístico preferido haciendo gala de sus recursos naturales marinos y terrestres como atractivo principal, siempre en el marco de moderación de uso, consumo y rehabilitación de los mismos para conservarles por tiempo indefinido.

Posteado por: oceanido | febrero 18, 2017

Hoy es martes de Soylent verde

soylentgreenPor: Efrén García

Volví a ver ayer la impresionante película de Charlton HestonSoylent Green” (1973) traducida al español cinematográficamente como Cuando el destino nos alcance y advertí que la fecha en que se ubica ya no está tan lejana: 2022.  Para los que no la hayan visto –véanla- les comentaré que está ambientada en un aquél entonces “lejano” futuro en una metrópoli sobresaturada de gente, sin vehículos, con un verano caluroso continuo provocado por el efecto invernadero, niveles de desempleo por encima del 50%, escasez permanente de lo más indispensable y sin ninguna esperanza para nadie.

La preocupación máxima en la película es la de procurarse raciones diarias de agua para beber y de alimento que, por supuesto, se advierte que es escaso.  La solución a esto último había sido desarrollado para el grupo político en el poder, el cual era propietario de una planta procesadora de plancton marino con el que se fabricaba un comprimido alimenticio con aspecto de tabletas de chocolate al que le llamaban Soylent Verde.  Y se vendía solo los martes.

El personaje principal, un detective maduro de la policía perfectamente adaptado a las condiciones de vida en ese escenario del planeta, se ayudaba con el consejo de un anciano que era sobreviviente de los “buenos tiempos”, quien lo fastidiaba con largas pláticas nostálgicas de cómo las cosas eran mejor antes y como estaban de mal en el presente en el que vivían.  En uno de los momentos dramáticos de la película en que este par de amigos se regalaban con un guiso de bisteck robado a un ex político asesinado que era de los pocos que podían permitirse un lujo semejante, el viejo explotó y sollozando amargamente se hizo la gran pregunta:  ¿cómo fue que llegamos a esto? 

El final de la película está marcado por el descubrimiento de que el “plancton marino” con el que se elaboraba el Soylent Verde en realidad era gente que moría de manera natural o por razzias llevadas a cabo durante los continuos amotinamientos por falta de alimento, los cuales eran ingeniosamente “reciclados” para alimentar a los propios demandantes de alimento que provocaban los motines.  Canibalismo puro,  asistido por tecnología moderna de alimentos.

Superando la tristeza de observar que el último deseo del anciano antes de morir sea solo el ver imágenes de la vida natural que conoció en su juventud eligiendo escuchar el primer movimiento de la sinfonía “Pastoral” de Beethoven en el lugar de sacrificio voluntario al que llamaban Hogar, caigo en cuenta que somos esa generación de cambio.  Esa que recibió  de sus padres un mundo al parecer con abundancia sin límite y que con el tiempo advertimos que se podía contaminar a nivel planetario y se podía dejar de producir a nivel planetario.  Somos “esa” generación: la del anciano de la película.

¿Habrá llegado el momento de fabricar alimento con gente “reciclada”?  Según entiendo, todavía no.  Aunque tengo mis dudas con respecto a tanta y tanta gente que desaparece en su viaje de Centroamérica hacia Estados Unidos de los cuales se puede pensar que sólo dos opciones se pueden tener: el que sean hechos prisioneros para venderlos como esclavos y/o que sean “reciclados” para uso de sus partes útiles por gente que pueda pagar por el servicio:  córneas, huesos, corazón, hígado y demás, lo cual lo convierte en una versión moderna de canibalismo asistida por avanzados procedimientos quirúrgicos y de fármacos que reducen el rechazo de piezas no “originales”.

¿Estamos en el punto en que veamos películas de la naturaleza en lugar de ir al lugar de los hechos para disfrutar la experiencia en vivo?  Muchos jóvenes de esta época están en eso, encerrándose por horas con juegos de video en sus manos e ignorando que fuera de las paredes de su casa existe un mar, una playa y el sol.

¿Veremos montones de gente durmiendo en los espacios de escalera en los edificios de las ciudades, con migraciones masivas huyendo de guerras y apoderamiento abusivo de sitios con recursos naturales valiosos para beneficio de unos cuantos, agua por tandeos para que alcance para todos e incremento de la temperatura por gases de efecto invernadero?  Me parece que ya estamos en eso.

¿Habrá políticos tan despiadados como para “atender” a su pueblo dándoles de comer de ellos mismos en un intento por permanecer de cualquier manera en una posición de poder y mantener sus privilegios a costa de lo que sea?  El estado de nuestras ciudades bajo el poder del crimen organizado del que sabemos de seguro forman parte gobernantes de varios estados nos dice que están dispuestos a participar de este canibalismo encubierto del que sabemos alimentan sus propios intereses.

No está lejana la fecha.  Ya hemos recorrido parte del camino ciegamente y poco a poco las soluciones demasiado prácticas se comenzarán a presentar por sí mismas.  Y una de ellas puede ser la de venta los días martes de Soylent Verde.

Posteado por: oceanido | julio 31, 2014

Las “dos” acuiculturas

CamaronSMTPor:  Efrén García

En un ambiente dominado por campañas en contra del hambre generalizada en nuestro país por la ya muy evidente pérdida desde hace años de nuestra seguridad alimentaria, con un soberanía alimentaria puesta en riesgo por un irresponsable favorecimiento de negocios de importación de alimento contra la producción modestamente alcanzada por el campo mexicano, pero que tiene como gran virtud la generación de autoempleo en la zona rural y utilización de su producción como autoconsumo, es que LA ACUICULTURA aparece en el escenario nacional y ofrece una vía de solución.

El gran movimiento hacia la producción por acuicultura se inició en México con la introducción de una especie exótica: la tilapia.  En los años 60 se consideró que sería una gran solución sembrar de manera indiscriminada este pez de elevada tasa de fecundidad y altamente competitivo en los cuerpos de agua de nuestro país y la consecuencia con los años fue la pérdida de especies pesqueras mexicanas que no aguantaron la presión que ejercía este animalito que sobrevivía en todos los ambientes acuáticos a los que tenía oportunidad de llegar.  En la práctica es ya una avecindada obligada del país y conforma una de las pesquerías más importantes de México, siendo considerada una especie de precio económico que forma parte de la canasta básica del mexicano.

Entre los años 70 y 80 se inició en los estados norteños de Sinaloa y Sonora la adecuación y desarrollo tecnológico del cultivo del camarón blanco y azul, los cuales crearon mucha expectativa debido al elevado valor económico que representaba esta especie y a la clara posibilidad de que fuera exportado a los Estados Unidos por empresarios que en ese momento tenían flotas camaroneras operando en las costas del Pacífico norte y sur de nuestro país.  El proceso de crecimiento apoyado por ventas casi exclusivas al vecino país ayudó a conformar una de las superficies de acuicultura más grandes del continente, con el consiguiente beneficio económico de las regiones que se pudieron involucrar en lo que en aquel entonces era un lucrativo negocio.

En la carrera a largo plazo y a trote corto que representa el desarrollo y el crecimiento en condiciones de sustentabilidad, dos versiones operativas se fueron perfilando en el horizonte de la producción acuícola de nuestro país: la acuicultura de los “ricos” y la acuicultura de los “pobres”.

La primera es una acuicultura con perfil fuertemente empresarial, muchos de ellos exportadores de pescados y mariscos antes de iniciarse en esta actividad; está conformada de grupos de inversionistas que tienen capacidad para contratar créditos de la banca comercial y presentar las garantías que son requeridas en este tipo de operaciones, y que cómodamente se acogen a los recursos del Estado pues al fin y al cabo “son a fondo perdido”.  La especie predominante es el camarón por las virtudes de este producto ya antes expuestas.  Las superficies de las granjas rebasan con facilidad operaciones de más de 400 ha.

La segunda es una acuicultura que se maneja sobre el filo de cumplimiento de las condiciones mínimas que se tienen que conjuntar para llevar a cabo una actividad que aunque debe generar excedentes no tiene la capacidad competitiva ni los volúmenes de producción necesarios para poder abordar el mercado interno del país, conformándose muy apenas con abastecer negocios locales ubicados cerca de las regiones productoras.    La especie predominante es la tilapia debido a las ya mencionadas capacidades de crecimiento en casi cualquier tipo de condiciones.  Las superficies de las explotaciones rondan las 2 ha, con muy pocos casos en el máximo de 5 ha.

Una competencia desigual por lo recursos aportados por el Estado para el desarrollo de esta actividad comenzó y a la fecha ha tomado dimensiones francamente absurdas por los propósitos a los que se apunta por seguir sosteniendo situaciones que de origen eran insostenibles.  El desarrollo de ambas acuiculturas fue asimétrico y una desigualdad aún mayor en la ecuación de producción acuícola se fue generando, dejando de lado la alimentación del pueblo por medio de una especie barata como es la tilapia para privilegiar una especie como el camarón que producía abundante ingreso de divisas para ser repartidas entre unos cuantos.

La versión del año 2014 de apoyo a la producción por acuicultura es un claro ejemplo de esta planeación que desactiva la participación del pequeño y mediano productor en nuestro país.  Las Reglas de Operación del Programa de Fomento a la Productividad Pesquera y Acuícola de la SAGARPA y CONAPESCA fueron diseñadas muy a modo para apoyar al sector fuertemente empresarial representado por los productores de camarón del noroeste, pues entre los requisitos que se pedían se incluía un Resolutivo de Manifestación de Impacto Ambiental, permiso o concesión de CONAGUA para uso de agua de bienes nacionales, el ingreso al Registro Nacional de Pesca y Acuacultura y demostrar que en especie o en cuentas bancarias se cuenta con una aportación por el 50% del costo del proyecto para poder ser favorecido por un apoyo.

Sobre esto hay que manifestar que el requisito de SEMARNAT tiene un costo aproximado de 25 mil pesos en el caso de un proyecto pequeño, más un ingreso del trámite en la dependencia con un costo de casi 9 mil quinientos pesos mas; tratándose de CONAGUA tenemos casos de solicitudes no atendidas por la dependencia con más de 12 años de antigüedad, por lo que este requisito puede llegar a ser casi imposible de cumplir por una persona del área rural que no tiene los contactos ni los recursos para lograr que la maquinaria burocrática se movilice, teniendo como agravante además de que la Ley de Aguas Nacionales considera al agua para acuicultura en el mismo orden de prelación que el uso industrial y turístico, asunto absurdo desde el punto de vista que es una actividad que produce alimento tal como la agricultura o la ganadería ; el ingreso al RNPA es gratuito y no presenta mayor problema, sin embargo la atención en las subdelegaciones de CONAPESCA no facilita el primer ingreso ni se orienta al productor sobre las ventajas de estar empadronado, por lo que se tiene poca participación en general; en cuanto a la presentación del 50% de los recursos económicos para aspirar a un proyecto, si consideramos que una unidad acuícola modesta tiene un precio por arriba de los 350 mil pesos, es poco probable que un productor del campo pueda presentar 175 mil para cumplir con este requisito si es que el terreno en que se desarrolla no se puede aportar como parte de sus activos.

Obviamente el sector empresarial si los puede cumplir y por tanto tiene acceso a recursos que en teoría debieran orientarse al desarrollo de un sector acuícola en general, que en estos momentos quiere pero que definitivamente no puede ni nacer ni crecer en estas condiciones de falta de apoyo económico.

Como última noticia se recibió en las subdelegaciones la información de que los recursos se iban a limitar aún más debido a que se había destinado un monto  extraordinario por más de 600 millones de pesos para atender la situación de emergencia que se ha presentado en la camaronicultura del noroeste –la de los “ricos”- debido a la aparición desde el verano del año pasado de la enfermedad denominada como Síndrome de Necrosis Aguda del Hepatopáncreas o en su versión corta, Síndrome de Mortalidad Temprana, provocada por un activísimo virus que de la mano con una bacteria de presencia común en estanquería de engorda ha arrasado con las operaciones de cultivo de los estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit, teniéndose el antecedente de que el año pasado se perdió nada menos que el 90% de la producción de camarón de cultivo de los estados citados.  El recurso será utilizado para la compra de cría para iniciar el segundo ciclo de producción del año, puesto que se tienen noticias de que ya se ha perdido por la misma causa casi la totalidad del primero, sin que hasta la fecha se haya presentado una solución razonable para eliminar los precursores de la enfermedad, asunto que por cierto a estas alturas del año es todavía tema de estudio.  En otras palabras, significa que lo más probable es que en cuanto se siembren los estanques con esta cría serán atacados por la enfermedad y morirán antes de un mes de cultivo.  Seiscientos millones de pesos que pudieran haber sido utilizados de mucha mejor manera serán tirados a la basura.

Para la “otra” parte de los acuicultores esto solo significa una cosa: si el año pasado recibieron poco y pocos son los que en este año tenían posibilidades de recibir recursos por haber cumplido con sus requisitos,  de seguro no recibirán nada.

Revisemos entonces las premisas planteadas por el Ejecutivo Federal en su Cruzada contra el Hambre: una de las principales es que el pueblo produzca el alimento que va consumir, generando de paso autoempleo que promueva el arraigo del campesino, ganadero y pescador a su lugar de origen.  En la práctica, con las iniciativas puestas en la mesa por las dependencias encargadas del sector primario, eso no va a suceder.

Los empresarios de la “acuicultura de los ricos” se cansarán de perder dinero –aunque sea del Estado- y migrarán sus bonos por medios electrónicos a otras inversiones menos riesgosas y más rentables.  Los de la acuicultura de los pobres abandonarán tierra y familia para migrar a medios urbanos, al extranjero o a campos de cultivo lejanos, en donde en el mejor de los casos se emplearan casi como esclavos para poder sobrevivir.  La oportunidad que entonces se perderá para consolidar la producción en el campo será inmensa y lamentable.

Posteado por: oceanido | julio 31, 2014

El doctor Luhrs

PezVelaPor:  Efrén García

Era de esperarse que yo conociera al doctor Luhrs.  Con un padre cardiópata desde los 40 y tantos años y como sobreviviente de 9 infartos era lógico que formara parte de la gente que frecuentábamos.  Le recuerdo de aquel entonces con su voz suave, su cabello rubio cubriendo apenas su cráneo repleto de conocimientos cardíacos y sus ojos atentos y claros.  Le veíamos muy seguido: cada vez que mi papa se sentía mal, lo cual era frecuente.  Reconocíamos esa incomodidad en el brazo izquierdo que él trataba de ocultar para no preocuparnos, pero era señal segura de que “ahí venía”, otro de esos ataques al corazón que por ser tantos mi padre nos acostumbró a que de alguna manera lo habría de superar una vez más.  Esa noche del 31 de diciembre de 1987, entrando la madrugada del 88, nos demostró que no iba a ser siempre así.  Sus ojos azules quedaron fijos en la nada y mi hermano y yo los cerramos como despedida sin palabras.  De esa noche yo le recuerdo, doctor, cuando llegó a la casa familiar para certificar con sus aparatos lo que era obvio, estirándome un electrocardiograma con una señal plana como firma sin alma de lo que sabíamos era irreversible.  Sus ojos, doctor, lo dijeron todo.

El doctor siempre me criticó que llevara yo a mi padre a pescar.

-¡Se te va a morir allá, en medio del mar, agarrando uno de esos pescadotes que sacan ustedes…carajo!.- me regañaba el amigo preocupado.

– Doctor, mi papá está casi muerto por su enfermedad.  Si muere pescando el problema va a ser quitarle la sonrisa cuando lo vayamos a enterrar…- le respondía yo

Un día mi papá le llevó a pescar, meses después de haber sufrido el cardiólogo un irónico infarto.  En aquel entonces la recuperación de un ataque era lenta, de varios meses en cama y después muchos más moviéndose en cámara lenta para no recargar el trabajo de ese corazón que herido de muerte trataba de zafarse del apretón huesudo de  las falanges de la parca.  Ese domingo lo subimos a la pequeña lancha que teníamos fondeada en la playa Manzanillo en compañía de su hijo Jean Louis, en aquel entonces un infante de no más de 5 años, de piel apenas tocada por el sol y rubia melena rizada e inquieta.  Yo sobrevivía apenas con mis 17 años a una desvelada de sábado por la noche y dormía profundamente sobre las cañas de pescar tendidas, no sin antes avisarle al pequeño Jean Louis que si veía un pico acercarse a la lisa que traíamos de carnada me despertara para ayudarle, lo cual en ese momento consideré que era bastante improbable pues no estábamos muy lejos de la costa.   El ruido del motor de 25 HP que teníamos se fue apagando con cada ola que encontrábamos y pronto estaba yo profundamente dormido con ese arrullo tan exquisito que brinda el mar después de una buena parrandeada hasta el amanecer.

De repente el niño me toca en el hombro y me señala con ojos muy abiertos un pico de pez vela que daba giros alrededor de la lisa.  Me desperté al instante, tomé la caña, identifiqué el momento en que el pez tragaba el anzuelo y dejé pasar unos instantes más para dar el jalón que lo sujetó sin remedio –para él- por el buche.  Pronto un magnífico ejemplar se debatía al final de la línea y como fué la caña del niño, le pregunté a mi papa que qué hacía.  Lidiando con su confusión no me dijo nada y le atajé:

-Deja que el niño “sienta” el pescado…

Y sin soltar completamente la caña, permití que el guerito con ojos desorbitados sostuviera por unos minutos al pescadote brincando mientras lanzaba furiosos rayos azul oscuro hacia el cielo de la muy cercana isla de La Roqueta.

Después de tres minutos el niño estaba exhausto y le volví a preguntar a mi papa que qué hacía.  Si el buen doctor hubiera estado bueno y sano, no hubiera dudado en darle la pesca que había conseguido su hijo.  Pero así como estaba, en recuperación, delicado todavía….

-Dale la caña al doctor.- me dijo mi papá súbitamente decidido.

La cara del doctor era de sorpresa total.  Pasados 5 segundos se transformaba para convertirse en la fiera que todo hombre lleva dentro cuando se trata de enfrentar a la naturaleza.  El buen Luhrs se convirtió en el cazador tras la presa: su cara se congestionó y se puso roja por el esfuerzo de jalar al gran pez que luchaba por liberarse; su pelo se alborotó y daba la imagen de un loco con ojos inyectados al que se le brincaban las venas de la frente por la emoción.  Nunca habíamos visto así al buen y amable doctor.

  • ¡Dale la vuelta a la lancha! ¿Para allá no, para el otro lado! ¡Cuidado, se va a meter debajo de la lancha para cortar la línea! ¡Apurateee…!.- nos dirigía a mi papa y a mi con voz desaforada y obedecíamos como buenos grumetes ante el torrente de órdenes que gritaba Luhrs, hasta que arrimamos al pez vela a la borda.

Me puse un guante de carnaza para sujetar el pico y cuando volteé para buscar el gancho ya lo tenía el doctor en sus manos.  Se agacho sobré mí, sujetó al animal por su vientre y lo subió en vilo a la embarcación en donde comenzó a dar coletazos a diestra y siniestra.  El doctor Luhrs brincó sobre él con un “amansalocos” hecho con un pata de madera cónica que en aquél entonces traían las televisiones de blanco y negro y lo tundió a golpes hasta que el color azul profundo se tornó en el azul pálido de la muerte de los peces vela.

En ese momento el doctor se dio cuenta de lo que había pasado y volteó su rostro hacia nosotros: totalmente desgreñado, rojo por la emoción, batida la cara de gotitas de sangre de la garrotiza que le había puesto al pobre pez vela para matarlo.  Mi papá le miró con una media sonrisa y con voz pausada solo le susurró:

-Ya lo ves. No pasa naaada….

Minutos después el doctor volvía a ser el convaleciente de infartado que embarcamos en la mañana y que yo sepa no tuvo consecuencias sobre él que se hubiera convertido en un energúmeno durante 20 minutos.

Espero que a donde vayas, doctor, te encuentres con tus viejos amigos.  Quizá allá también pesquen, cuenten chistes y se diviertan.  Podrán entonces presumir la captura del domingo, como acostumbraban hacerlo en esas mañanas de lunes en el café Astoria del zócalo de Acapulco.

Posteado por: oceanido | septiembre 30, 2013

Pinta su raya

RayaCafe  Por:  Efrén García

El ciclo siguiente se cumplió: sabíamos que era solo cuestión de tiempo.  El inexorable destino de las zonas inundables cumplió fielmente su vocación de inundarse y una vez más se inundaron.  Una tragedia más se suma al rosario de eventos similares que ocurrirán, tarde que temprano, en una zona que tuvo que ser rellenada para poder construir en ella, alterando con esto el sistema hidráulico milenario conformado por el río de La Sabana, la Laguna Negra, la laguna de Tres Palos y el mar que bien que mal funcionaba teniendo como amortiguadores de avenidas pluviales a amplias zonas de humedales.   Desde el punto de vista inmobiliario, la explicación es obvia: era terreno barato porque se inunda.  La mayor parte de la gente de Acapulco no compró ahí porque recordaban la altura a que llegaba el agua en una tormenta de las normales en Acapulco y por supuesto recordaban, en un conocimiento transmitido de generación en generación, hasta donde llegaba el agua en un día de lluvia extraordinaria.  Los incautos que cayeron en la trampa eran fuereños, deseosos de tener su “segunda casa” en el puerto más hermoso del Pacífico mexicano.  Pobres.  Todavía siguen su lucha estéril en contra de poderosas compañías constructoras de vivienda social para tratar de recuperar algo de su inundada inversión.

El complemento de la historia son las colonias establecidas alrededor o como consecuencia de la construcción de estos desarrollos -además del imparable crecimiento desordenado- brotando en condiciones de miseria tal que convierte en la práctica a sus habitantes en damnificados permanentes que de manera voluntaria y con mas conocimiento de causa se aposentaron en zonas vulnerables sabiendo que “alguuun día…” se podían inundar.   Muchos de ellos tienen a la vista como realidad cotidiana el brutal contraste económico comparado contra los desarrollos inmobiliarios cercanos a la playa, mismos que de alguna forma fueron representados en imagen por la elitista tienda Costco, la cual se convirtió en blanco involuntario del odio social y la ira reprimida por concentrar muestras de riqueza que difícilmente alcanzan los habitantes de estos predios desarrollados a la sombra del nuevo Miami azteca.   Todo por construir en zonas bajas, de humedal, terrenos que siempre se han inundado y lo seguirán haciendo mientras la lluvia siga cayendo en esta tierra sureña.

Hasta aquí llega lo predecible: una avenida de agua extraordinaria, se inundan las zonas inundables, el gobierno no tiene capacidad de atender a los damnificados –tanto nuevos como permanentes- debido a la magnitud del desastre, nos “quemamos” en público porque no les avisamos a nuestros turistas que se iban a quedar varados sin regresar a su lugar de origen.  La gran pasarela en que se convirtió la glorieta de Puerto Marquéz y el malhadado Costco llega a su fin y el escenario se traslada –espero- a las colonias afectadas y –ojalá- a las poblaciones en desgracia.

Otro asunto es lo que todavía no se sabe.  Hasta el momento lo que nos llega por prensa y noticias es lo cercano a las ciudades.  A una semana del inicio del evento nos comenzamos a enterar de lo que pasó en un radio de un día a pie de los centros poblacionales importantes.  De seguro solo hasta la semana que viene sabremos por boca de los que han tenido que caminar días para llegar a un lugar comunicado qué fue lo que ocurrió en las zonas más alejadas del estado, panorama que se anuncia grave teniendo como antecedente el derrumbe del cerro en el pueblo de La Pintada.  ¿Cuántas Pintadas más habrá en este momento? ¿Cuántos caseríos de los que no hubo sobreviviente alguno para venir a dar cuenta de esos días de lluvia? ¿Cuántos guerrerenses más fueron a dar a ríos y mar hechos pedazos por la fuerza con que los arrastró el agua? ¿Cuántos más habrán sido sepultados por cerros que furiosos se sacudieron de encima las casitas que los colonizaron?   Las causas aquí fueron diferentes: gente que fincó en laderas o al pie de ellas, cerca o dentro de los cauces de ríos, todos ellos probablemente condenándose a muerte al llegar la siguiente estación lluviosa.  Todo por construir en lugares con fuertes pendientes o cerca de zonas que pasan de la calificación de riesgosas a letales con solo media hora de lluvia fuerte.

Resurgen antiguos llamamientos a la cordura en materia de ecología, ordenamiento territorial, protección civil, desarrollo urbano y obras públicas y zona federal en cuanto a que en la “Zona  Cero” del Diamante, Llano Largo, La Poza y de ahí hasta La Venta nunca se debió haber construido.  La CNDH avisa que le va a entrar al asunto.  La prensa revive artículos que en su momento se publicaron y que señalan de manera puntal a funcionarios, integrantes de Cabildo, administraciones municipales, delegados de SEMARNAT y directores de Ecología Municipal que con argumentos aportados por consultores en materia de impacto ambiental para lograr irracionales cambios de uso de suelo confabularon llenando formularios y estudios con gran detalle y declarando “que no habría afectaciones al ambiente ni riesgo por inundaciones, al menos en lo que corresponde a su mejor conocimiento…”, asunto que a la mera hora resultó ser bastante convenenciero.  Llegó el momento de juzgarlos.  Este tercer evento en la zona no es producto de la casualidad: fue un asunto cocinado a fuego lento y con la participación de gran cantidad de chefs y ayudantes de cocinero.  ¿Habrá quien pueda juzgarlos?

¿Qué sigue después de la lección número tres de inundaciones en la Zona Diamante?  Independientemente de lo que se haga en el sentido de corregir lo importante es el aspecto preventivo, en el cual el Sistema Nacional de Protección Civil  tiene mucho que ver.  Entre otras cosas tiene que hacer sus “solitos” y aprender a actuar con mayor autonomía y espíritu de protección social, superando su miedo a emitir un aviso que pueda dañar la intocable y muy protegida imagen turística de Acapulco durante un anhelado puente vacacional a pesar de contar con información suficiente y oportuna para emitir un comunicado muy responsable de no visitar el puerto por riesgo de lluvias copiosas y el consecuente –debido a nuestras condiciones de vulnerabilidad- elevado riesgo de inundación.  Queda siempre la duda incómoda que si desde el punto de vista de rentabilidad conviene más operar el FONDEN que el FOPREDEN, pues el aspecto preventivo maneja menos de un décimo de recursos económicos que el atender consecuencias una vez ocurrida una tragedia.

La gente de edad remata con el viejo adagio popular que reza que “el agua siempre retoma su cauce”, obteniéndose como reflexión inmediata de esta breve y sabia frase la absoluta prohibición de construir en o dentro o cerca de cauces de ríos y lagunas, así como en laderas o cerca de ellas y finalmente en zonas de inundación, humedales y similares.  El agua corrió y corrió hasta que tomó su nivel, tal como lo demostró en las zonas inundadas.  La desigualdad social corrió y corrió y tomó su nivel, tal como se demostró en el asalto por enseres domésticos y no por comida a la tienda Costco.

Muy de acuerdo a las celebraciones de septiembre, y muy a la mexicana, el agua galopando con locura desde los cerros hasta el mar pinta una raya café a su paso que es la que señala a partir de dónde es dueña de la situación, haciendo saber a constructores y desarrolladores cuál ha sido, es y será siempre el límite para el actual y futuro desarrollo urbano sano.  Y aquel que se atreva a cruzar la raya se arriesga a atraer destrucción y muerte.

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

¡Ay por Manzanillo!

manzanilloPor:  Efrén García

¿Quién se atreve a entrar a la playa de Manzanillo? Nadie.  Da miedo.  Tantos cascos de barco tirados, tanta basura, ese ambiente de suspense tropical en el que parece que todo puede pasar.  Y tanto ha pasado.  Especialmente el movimiento de vecinos que pretende recuperar el uso productivo de la playa y al cual, gente de fuera que se ha beneficiado en perjuicio del barrio, se ha opuesto de manera siempre egoísta y con amenazas y declaraciones fantoches, ahora en su última versión cobijada bajo un sindicato que hace tiempo dejó de ser nuevo y que incursiona en el ecologismo manteniendo un zoo particular con ejemplares de todas las especies que renuncian a su libertad con tal de asegurar un bocado.

¿Por qué una defensa por un lugar tan abandonado?  Precisamente por eso.  Fácil es buscar declarar una playa remota como “certificada” cuando no presenta las cicatrices de un desarrollo descuidado. Y políticamente es muy cómodo: nada mas hay que poner un listón para cortar y ya.  Asunto muy diferente es ordenarla, desarrollarla, recuperarla y lograr que beneficie por igual a todos los involucrados y que “algo” le deje al barrio, cumpliendo con esto una de las premisas de la sustentabilidad.

Hace un par de días estuve por ahí, caminando entre los desechos, respirando el abandono y atestiguando el entusiasmo de los genuinos trabajadores de la playa, los varadores.  Viejos la mayor parte de ellos, no puede evitar recordarlos cuando eran torres de músculos morenos y turgentes moviendo embarcaciones de toneladas de peso usando polines, cuerdas y antiquísimos winches.  Alguna vez, me platicó uno de ellos, mi padre los tomó como modelos para dibujos al carbón representando el trabajo en su forma más primitiva.  Cuarenta años y cientos de toneladas varadas en tierra después, esos cuerpos admirables se enfilan marchitándose hacia la vejez con algo menos que un par de billetes en el bolsillo y rodillas y cinturas desgastadas por el esfuerzo físico.  Miedo es lo menos que deben sentir en sus corazones al pensar en su futuro.  Congoja es lo que los debe invadir de saber que muy pronto no podrán hacer su trabajo como siempre lo habían hecho.

La propuesta de remodelación de playa Manzanillo los acoge con el cariño y el respeto que merece un trabajador de siempre y corrige de paso la manera tan anticuada y contaminante con que se les hizo trabajar toda la vida, en donde el patrón disfrazado de cooperativista nunca les procuró ni un ápice de seguridad social.  Cuarenta años, dicen algunos, cincuenta otros, sesenta los mas echadores.  Tanto no debe ser, pues a mis cincuenta años recuerdo que la playa era lugar de acapulqueños, de esquiadores novatos y expertos de toda nacionalidad y de pescadores-niños que tarde con tarde sacábamos “charritas” que mi abuela con cariño tatemaba en aceite para que nos las pudiéramos comer con todo y espinas.  En ese entonces el “astillero natural” era un pedacito solamente, en el que como el sapito los invasores alguna vez expulsados de la playa de Caletilla se iban inflando e inflando.

Con el tiempo y una administración descuidada de la playa el lugar se convirtió en el depósito gratuito y tiradero de lanchas más grande de la costa del Pacífico mexicano, defendido de manera abusiva por los que no querían tener su embarcación en casa o pagar pisaje, situación tolerada comodinamente por autoridades apaciguadas con sabrosos guisos de caguama cada primero de junio.  Ya una vez hubo la oportunidad de remodelar la playa y el astillero cuando se consiguió un recurso por parte de SCT para remozar el Paseo del Pescador, en el que no se incluyó Manzanillo por grillas mentirosas y convenencieras del grupo de invasores-contaminadores.  El mismo paseo ahora se ha convertido de manera enojosa en un muladar para almacenar lanchas y reparar motores, haciendo la inversión de $170 millones de pesos por parte de la Federación la más infructuosa y desperdiciada de los últimos años en el puerto de Acapulco.

Parado en la esquina conocida como Punta Sirena, viendo hacia abajo las rocas cubiertas con algas verdosas y muy pocos peces nadando entre ellas, recordé lo importante que es para mí este lugar: es el mismo en el que decidí la carrera que iba a estudiar, y que no podía ser otra que las ciencias del mar.  Fue aquí mismo levantando esas rocas para descubrir cangrejitos de muchas formas y colores, gusanos planos enormes y estrellas serpiente que el mar capturó para siempre mi atención y mi propósito.  Recordé el primer pulpo que atrapé con un gancho hecho de alambre galvanizado apenas a unos metros de este lugar y el miedo que sentía al nadar de una roca a otra imaginando quiméricos seres marinos queriendo alcanzar mis calcañares de niño.  Aquí también pisé mi primer erizo, un cabeza de viejo, y aún recuerdo como me dolió cuando alguno de esos morenos de la playa golpeó mi pie con un madero para remediar la situación al viejo estilo costeño de pulverizar las espinas dentro de la piel.  Fue aquí mismo que el misterio de las mareas y el oleaje pasó a formar parte de mí.

¿Podremos lograr como acapulqueños de cepa y nativos de Manzanillo contener las ansias privatizadoras de los constructores de embarcaciones, dueños de decenas de lanchas invasoras del Paseo del Pescador, millonarios con concesiones en el malecón y de seguro en la playa de Majagua, potenciados y fanfarrones con su nuevo socio que hace alarde de su capacidad de movilización de “obreros” y su poder económico?  Si este líder quiere favorecer a su compadre, que se lo  lleve a Puerto Marqués, que de seguro allá sí son bien recibidos.  Los que genuinamente somos de Manzanillo estamos hartos del vasto daño ambiental ejercido impunemente por esta gente a nuestra playa y que ahora usan de argumento para justificar que nunca podrá ser un lugar turístico.

Bien estaría que PROFEPA en un acto de justicia les hiciera una relación de los delitos ambientales de orden federal que han cometido a lo largo de los cuarenta años que dicen haber estado operando en esta vilipendiada playa.  Bien estaría que la autoridad ambiental federal y estatal voltearan a ver este lugar para poner un hasta aquí a tantos abusos.

PD :Sirva este artículo para decir adiós a un gran avecindado de Manzanillo, asesinado cobardemente a tiros en esta ola de violencia desatada en el estado y que es negada cómodamente por los que tienen con qué pagar guaruras hasta para ir a comprar una yoli a la esquina.  Adiós Sergio Espinosa, te vas a perder la defensa de Manzanillo; espero que desde donde estés en algo nos puedas ayudar.  Lleva saludos a Don Ernesto García Moraga y dile que queremos recuperar y modernizar la última playa que vieron sus ojos antes de encaminarse hacia la Eternidad.

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

Antiturística

Por:  Efrén García

Volvió a suceder.  Como alguna vez me dijo un primo cargado de cinismo, una noticia deja de serlo en menos de quince días, y lo bueno o malo que haya ocurrido pasa a formar parte del bagaje tolerado  de la ciudad.  ¡Qué razón tenía!

Le toca el turno de echar a perder la hermosa vista de Acapulco a la empresa que puso un masivo y horroroso letrero electrónico a la entrada de Pichilingue, queriendo llamar la atención por sobre sus vecinos sacrificando muchos invaluables metros cuadrados de vista de la Avenida Escénica para poder instalar su maravilla tecnológica.  Salió algo en medios, duró una semana en escena, se colocaron algunos sellos de “CLAUSURADO” durante unos días y a continuación arremetieron cual violadores empecinados hasta que destruyeron la belleza paisajística que quedó detrás.

Una vez más se permite, me imagino que cubriendo las multas y cochupos correspondientes, que cualquiera venga a destruir uno de los patrimonios más valiosos del puerto: su inigualable vista panorámica.  No sé si es a obras públicas a la que le correspondía este asunto, o a ecología o a otro departamento por ahí que evidentemente no tuvo la fuerza suficiente para oponerse a los dineros de los poderosos.  Turismo municipal debió haber puesto el grito en el cielo por el atentado a los activos que se supone promueve.  Turismo estatal debió haberse desgarrado las vestiduras.  Nada de esto pasó: no consideran importante conservar a Acapulco bonito y presentable.

Y en muy poco tiempo este evento quizá pequeño pero importante viene a sumarse a la multitud de atentados en contra de la impresionante exhibición paisajística que es vocación natural de Acapulco, motivo por el que tanta gente de tantos lugares del mundo viene y al que nosotros como acapulqueños y guerrerenses estamos tan acostumbrados que no le apreciamos lo suficiente como para defenderle, pero que es tan importante para nuestro puerto como lo es el mismo aire.  Probemos estar 5 minutos sin respirar para corroborar lo cierto de esta última afirmación.

Una variación del tema son los últimos muelles que se han construido en Acapulco.  Con un sospechoso desinterés por parte de los grupos opositores a muelles se construyó una gigantesca “T” por el rumbo de La Aguada, doblemente sorprendente porque fue a obstruirles el paso a las embarcaciones de los socios del Club de Yates y nadie dijo esta boca es mía.  El promotor debe ser alguien aún más poderoso que la suma de todos ellos.

El siguiente caso es el francamente deprimente muelle de pilotes en la Playa Revolcadero.  Atacado desde un inicio alegando cuestiones ambientales, el muelle cumplió con lo que le marcó SEMARNAT y listo, pudo comenzar a construir.  Hemos visto fotografías de la bella, armoniosa y relajante línea de playa interrumpida de manera grotesca por unos pilotes de metal que recuerdan la barrera que tienen los gringos en Playas de Tijuana para impedir que pasen nuestros paisanitos a Estados Unidos a buscar un mejor futuro.  En lo ambiental quizá cumplan.  En lo estético y antiturístico hay que decir que es bastante más que una mentada de madre:  dividieron la playa con un montón de fierros por la puritita mitad.  Y lo malo es que los únicos críticos y defensores son los que ofrecen paseos en cuatrimotos o a caballo en la playa, infractores tolerados a regañadientes que al buscar una fuente de trabajo dificultan que se certifiquen las playas en las que operan.

Con triste nostalgia vienen a mi mente hermosos dibujos hechos a mano de los siglos XVI y XVII en que se nota que el artista se esmeró en retratar con justicia la bella y contrastante pendiente de los cerros cubiertos de vegetación del oriente de Acapulco cuando se van a sumergir al mar, misma que constructores de gustos toscos rompieron para colocar edificios cuadrados sobresaliendo de manera protagónica y chocante de la línea de vista.  La belleza agredida con “belleza”.

Platicando ayer con mi amigo el arquitecto Carlos Garza y me comentaba que en Santa Bárbara California se prohíbe poner cualquier tipo de letrero o anuncio.  Lo más que se permite es una plaquita no mayor que la que de un automóvil, no importando que sean empresas grandes, poderosas o influyentes.  Los semáforos también son discretos y todo está diseñado para conservar una vista armoniosa y agradable que TIENE UN GRAN VALOR.  Me imagino que el precio de las propiedades estará en consecuencia: es el valor que sus habitantes le han dado protegiendo a toda costa su imagen urbana.

Otro ejemplo:  el Metro de Londres de tanto en tanto tiene respiraderos que permiten ventilar los gases generados con la operación de este medio de transporte y en cualquier lugar del mundo estos agujeros son más bien feos.  Nuevamente, preocupados por conservar una imagen urbana agradable para residentes y visitantes, “disfrazan” estos respiraderos con unas muy cinematográficas fachadas de edificios que replican la tendencia arquitectónica del lugar donde se encuentran.  El efecto es espectacular.  La ciudad es deslumbrante.

Finalicemos ya por no dejarlo con las nonatas oficinas de gobierno construidas en lo que fue el mercado de artesanías Noa Noa.   Introducidas como supositorio del tamaño de un tanque de gas estacionario en el trasero de una iguana, en una zona con evidente vocación turística y con alto riesgo de dañar la circulación de la ciudad por el potencial de protestas de grupos inconformes, la magna, moderna e “inteligente” estructura de tubos se oxida lentamente con la ayuda de nuestra tonificante brisa marina sin que ni siquiera provoque voltear a mirarla y mucho menos preguntar por qué fue que esto se abandonó así.    Una esquina de este edificio apunta a la guanábana aplastada que quedó de la base de la muy criticada Sirena Costeña, capricho artístico de la época del alcalde motociclista y que también aporta su granito de arena en este complot contra el paisaje porteño.

¿Qué necesitará el acapulqueño para darse cuenta de lo que pierde día a día mientras voltea a ver a las estaciones de autobuses y se pregunta por qué no llega el turismo? ¿Qué se considera lo suficientemente atractivo para que nos prefiera el turista, ahora que la violencia en las ciudades de origen de nuestros clientes igualó al del puerto y no es criterio importante para dejar de venir a Acapulco?  ¿Seguiremos pensando que atraeremos gente con tiendas glamorosas, letreros modernos, muelles de fierro y hoteles rompiendo la línea natural de los cerros contra el horizonte? ¿No es más razonable explotar las asombrosas y únicas visuales naturales con lo que la Creación favoreció a raudales a nuestro querido puerto en lugar de estar haciéndole cirugías de mal gusto para dotarle de unas chichis y nalgas artificiales que no necesita?  Digo, me pregunto.

 

Posteado por: oceanido | marzo 12, 2012

Sepelio Costeño

Por:  Efrén Garcia

Me toco en suerte acompañar a una amiga a la triste tarea de entregar a su hermano a la siempre boca abierta del espantoso e indigno cementerio de Las Cruces, el panteón de las familias acapulqueñas.  Un hombre joven, tan solo 43 años, con una muerte repentina causada por una mezcla de fiebre tifoidea, una diabetes recién descubierta y una tristeza por vivir con una explicación que nunca platicó.  Quizá haya sido por una situación familiar, quizá por ver a Acapulco desgarrado por sus nuevos y adolescentes propietarios, quizá por no vislumbrar un futuro para sus niños pequeños.

Nos citamos a la entrada, justo frente a una estatua de toque maternal hippioso tallada por mi padre hace muchos ayeres.  La carroza nos precedió casi sin ruido por la avenida lateral izquierda, milagrosamente libre de la grotesca invasión de tumbas que rellenan cualquier espacio posible en este lugar de descanso eterno.  El solo caía a plomo y la obligada ropa obscura concentraba los rayos del sol de tal manera que nuestros hombros se cargaban voluntariamente con una pesada losa que rápidamente deprimía nuestro ánimo.

Llegamos por fin a un punto de donde había que bajar cajón, flores y lamentos para acarrearlos en mezcla familiar a depositarlos en el regazo recién abierto en la tierra para albergar a uno más de sus hijos que ha completado su periplo.  Las tumbas que nos rodean no son solo de la piedra blanca y gris que normalmente se ve en un lugar de estos.  El azul chilapa, verde bosque, rosa mexicano, amarillo limón, violeta lavanda, todos colores que la alegre gente de la costa plasma en las fachadas de su casa los acompañan también a dar tono a su última morada.  Pienso que solo en Veracruz y en Guerrero se deben vender estos colores para pintar las casas y las tumbas; al fin y al cabo costeños, solo que con diferentes mares.

Comenzamos a caminar entre las tumbas, sobre las tumbas, a través de las tumbas.  En este maldito desorden que se pavonea en este panteón, no se puede sentir menos que vergüenza de pensar adonde es que viene uno a dejar lo que queda de sus seres queridos.  Pero no hay otra manera de pasar por aquí; planto un pie en una tumba blanca, luego piso una rosa, de ahí a una azul, luego una morada.  Me siento incómodo de pensar en la afrenta involuntaria a pesar de que no soy de mucho pensar que ahí dentro quede algo de la persona que alguna vez se quiso.  Observo varias cruces rotas y me explico de inmediato como es que así acabaron al ver golpear con el ataúd una de ellas que bloqueaba el paso del recién llegado.  Prefiero ni pensar que esto represente un mensaje.

¿Cómo es que se llegó a tener tal invasión de tumbas en este lugar? ¿No hay un encargado, un director, una persona con un mínimo de consideración para con el dolor ajeno?  Dichosos los que aquí trabajan que los inquilinos no se puedan quejar, porque de seguro ya les hubieran hecho un justo plantón a las puertas del ayuntamiento.  Y las historias de abusos abundan.  Ayer mismo un buen amigo me platicaba que fue a ver la tumba de su mamá, fallecida hacía cincuenta años y encontró que…¡ya había una tumba de otra persona construida encima de la de su ser querido!  En estos momentos todavía no le resuelven el trance indignante de saber donde pusieron los restos y cuál va a ser el nuevo lugar en donde los va a depositar.  Ya todos los cuates le dijimos que los saque de ahí y los lleve a un lugar más digno.  A otro amigo cuyos parientes tienen una gran tumba familiar le rompieron el candado de la entrada y convirtieron en bodega de herramienta el lugar sagrado.  Indignado también por la falta de respeto, el descaro y el exceso abusivo mandó traer un camión y llevó todos los tiliches a un basurero.  Todavía alguien por ahí del panteón le pregunto que le iban a reclamar por el acto arrebatado.  Les contestó que al que lo hiciera lo iba a meter a la cárcel por invasor.  Fin del capítulo.

La escena siguiente es la de los dolientes alrededor de la tumba abierta, apretadamente acomodada entre otras seis que se resignan a ser las nuevas vecinas.  Con el cajón puesto de lado la familia y los amigos dan rienda suelta a sus pensamientos: llaman al fallecido, le recuerdan sus promesas, añoran su alegría y su gusto por el baile, le aseguran que le aman, le ofrecen no olvidarlo.  Los que atestiguamos esta manifestación nos apesadumbramos sintiendo que alrededor revolotean nuestros respectivos muertos.  Al oír los lamentos recuerdo la muerte de mi padre, de mi abuela, de mis amigos Mario y Santos, de don Hosé, doña Marichuy.  Lo multiplico por los que estamos aquí y resultan varios cientos de recuerdos de alta intensidad.  ¿Será esta la bienvenida que dicen que hacen los espíritus recibiendo al recién fallecido? Quiero pensar que sería una buena explicación.  Vuelvo a recorrer la escena y el amontonadero de lápidas me parece ofensivo e irrespetuoso ante el dolor tan sincero de mis amigos.

Una loquita llego con su bote de plástico lleno de resistol amarillo y pedía a gritos que abrieran el ataúd para ver al muertito hasta que la corrimos de mala manera.   Se asomaron dos guitarras con sus respectivos trovadores a ofrecer “la música” para la ocasión.  Al principio no fueron bien recibidos, pero ellos confiaron en la costumbre de lo de siempre.  Finalmente el luto venció la resistencia al gasto adicional  y las notas espesaron el caldo de tristeza que ya hace rato se cocinaba.  Lagrimas de adultos que dolía verlas; lágrimas de niños y de hijos pequeños que pesaban una tonelada en cada corazón que las atestiguaba.  Por lo menos la música amortiguó el fúnebre chirrido de las cucharas de los albañiles mientras cerraban la nueva celda.    Al final quedó una húmeda caja gris, impersonal, común.

Las mujeres se acercaron y con una diligencia inexplicable comenzaron a acomodar los cientos de flores que se habían traído.  Acomodaban cuidadosamente cada arreglo y cada manojo, empeñándose de manera irreal en dejar un testimonio de amor que sabían desaparecería al día siguiente marchitado por el sol.   De una bolsa en donde traían crisantemos blancos recuperaron pétalos que se habían desprendido y con soberbio sentido del equilibrio dibujaron una elongada cruz a la mitad de la lápida.  Tres rosas encarnadas remataron el centro de la misma y después de unos minutos de murmullos de despedida salimos casi sepultados por el sol de las 5 de la tarde.

En el camino de regreso continué viendo tumbas invasoras, piratas, ladronas de espacio para moverse.  Pero ellas no tuvieron la culpa, ni los muertos que acunan tampoco.  Fueron los vivos que en su afán de “vivos” y de seguro por una corta feria mancillaron este lugar de tranquilidad y recogimiento.  Pero, que podíamos esperar, Acapulco es así.  Se invaden banquetas, parques y terrenos.  Estacionamientos, playas y cerros.  ¿Por qué no habría de ser igual con este cementerio, la última morada que a la hora de ser pieza urbana se convierte en el Acapulco caótico de cada día?

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